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En la ciudad de Avellaneda,
provincia de Buenos Aires, a los quince días del mes de agosto de 2011, a la hora 12 y 25:
CONVOCATORIA
Sr.
PRESIDENTE (Bertolotto).- Con la presencia de los señores concejales que integran los distintos
bloques políticos de este Concejo Deliberante
damos comienzo a la sesión especial convocada para el día de la fecha a
efectos de rendir homenaje a Nuestra Señora de la Asunción , Patrona de
Avellaneda.
Agradezco
especialmente la presencia de Su
Excelencia el Señor Obispo de la Diócesis Avellaneda-Lanús ,
monseñor Rubén Frassia; del señor intendente municipal, ingeniero Jorge
Ferraresi; de los secretarios del Departamento Ejecutivo, el doctor Parrilla y
el señor Fiorentino; del presidente del Consejo Escolar, Luis Sagol; del compañero
concejal y director de Medios, Jorge Degli Innocenti; del secretario de
Derechos Humanos, Claudio Yacoy; de nuestro compañero Hugo Caruso, de Cultura;
de la doctora Lilian Fernández; del defensor del Pueblo, Sebastián Vinagre; del
senador provincial Roberto Ravale; del reverendo Agostinacchio, de la Iglesia Bíblica
Cristiana; de nuestro gran compañero y diputado provincial retirado Héctor
Alice; del concejal Santiago Dante, subsecretario de Deportes; del vicejefe de Gabinete del defensor del
Pueblo, Tomás Dadic, y también está Fabián Dadic, que es de los Cascos Blancos;
de las autoridades policiales; del profesor Roberto Casero; de monseñor Jorge
Bazán; del padre Gustavo Ercolino, párroco de la Catedral ; del presidente
de la Comisión
Ejecutiva de los Festejos, Juan Quetlglas; de don Néstor
Santos, del Círculo de Prensa Avellaneda-Lanús; de los invitados especiales, de
los vecinos y amigos; de Juan Belén, secretario adjunto de la CGT nacional; del compañero
Barrios, secretario general de la
UOM , y del compañero Sergio Jerez, secretario general de la CGT Avellaneda-Lanús.
Por Secretaría se dará lectura al
decreto de convocatoria.
Sra.
SECRETARIA (Luna).- Dice así:
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Se lee.
Sr.
PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito al cuerpo a entonar las estrofas del
Himno Nacional Argentino.
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Puestos de pie los señores
concejales, autoridades invitadas y público asistente entonan las estrofas del
Himno Nacional Argentino. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Bertolotto).- Invito al señor obispo de nuestra diócesis y al
señor intendente municipal a compartir el estrado de la Presidencia.
- El señor obispo de Avellaneda-Lanús,
monseñor Rubén Oscar Frassia, y el señor intendente municipal, ingeniero Jorge
Ferraresi, ocupan sus respectivos lugares en el estrado de la Presidencia.
manifestaciones
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito a los señores concejales a
hacer uso de la palabra.
Tiene la palabra el señor concejal
Marchesi.
Sr. MARCHESI.- Señor presidente: en
nombre del bloque del Partido Justicialista Frente para la Victoria quería agradecer
la presencia del señor intendente municipal; del señor obispo diocesano,
monseñor Frassia; de las autoridades municipales y provinciales; de las
autoridades eclesiásticas, autoridades sociales.
Hoy
es un día muy particular, si bien todos los años el 15 de agosto representa
para nosotros una fecha importante en nuestra ciudad, y no como un hecho casual
sino como un hecho real y puntual hoy nos convoca la Virgen , nuestra Virgen
María. En esta convocatoria nosotros
también celebramos las Fiestas Patronales de la ciudad de Avellaneda.
Seguramente este acontecimiento social
nos transporta a través de nuestra fe a la veneración de nuestra Santa Patrona,
pero existe también en la razón la idea de que esta fecha no marca sólo un
festejo en la ciudad sino que es un día de goce para toda la comunidad
cristiana. Esta comunidad cristiana que a través de su fe encuentra en la
veneración de María la perfección, la perfección de la pureza, de la vida, de
la vida concebida a través de su creación por el Espíritu Santo, convirtiendo
esta obra de amor en un milagro, un milagro de nuestra fe. Y ese milagro fue un
milagro hecho hombre, que vino a redimir la humanidad de sus pecados.
Entregó su cuerpo para lograr nuestra
salvación, y es este hombre imperfecto que hoy representamos todos los que
profesamos la fe cristiana, a través de la Biblia. Y en todas las comunidades también, los
judíos a través de la Torá ,
los musulmanes y los islámicos a través del Corán.
Porque este es un hecho de fe, es un
hecho irredimible, en donde nuestra vida se desarrolla, y sería imposible
desarrollar una vida sin fe, más allá de las creencias, porque al hombre lo
sostiene la fe. En todos los hechos fundamentalmente cotidianos pero también
profesionales está presente esa fuerza de fe para emprender esta realidad, esta
realidad que es la vida.
Cristo fue nuestro salvador; hace 2011
años que está presente, y está presente a través de esa proyección porque fue
un hijo puro de una concepción divina, a través de María. En un acto de amor y
fidelidad sublime y de pie junto a la
Cruz , María representó la entrega de una madre, una verdadera
madre que entregó a su hijo para la salvación de los cristianos y la salvación
de la humanidad.
Hoy todos nosotros, los hombres de
este mundo que debemos asumir compromisos, desde cualquier lugar, desde
cualquier punto, debemos enfrentar aunque nos duela esta realidad del mundo en
el que vivimos. Es un mundo que está permanentemente convulsionado, con
situaciones que a veces hasta nos sorprenden y no nos permiten tener una medida
en la fijación de la realidad. Es la humanidad.
El mundo no es un hecho casual, somos
nosotros, los hombres de cualquier lugar y procedencia, de cualquier ideología
y creencia. Somos los que construimos esta sociedad, esta sociedad que a veces
nos duele porque sabemos perfectamente que hay injusticia, y todavía hay muchas
cosas sin resolver. Y los que estamos acá presentes, como hombres responsables
de la formación y la construcción permanente y diaria de esta sociedad, debemos
entender que también ese compromiso que asumimos lo tenemos que trasladar a los
hechos.
Debemos sentir al hombre no solamente
como un sujeto social sino también como un sujeto de amor. Estamos hablando de
María, y María fue eso, puramente amor. Ese amor puro con proyección a través
de lo que su hijo entregó. Tal vez nosotros, reflejados en esa instancia y en
ese instante, deberíamos ver también que cuando asumimos una responsabilidad
debemos proyectarnos a través de esa entrega y trabajar para poder cambiar
algunas cosas que no sirven.
El
hombre no es sólo el hombre: el hombre es el hombre y sus circunstancias; esas
circunstancias son las que desarrollamos diariamente.
Las
políticas que nosotros podemos establecer ‑tenemos la posibilidad de hacerlo‑ deberían
incluir un poco más una realidad: estamos en un país beneficiado por muchas
cosas. Desde el punto de vista geopolítico, y también desde el punto de vista
de producción, éste hoy es un país beneficiado, y beneficiado no solamente por
la economía: también estuvo la mano de Dios. Vivimos en un país que es un
vergel, utilizando esa posibilidad, pudiendo nosotros avanzar hacia la ayuda y
el apoyo desde el centro hacia afuera.
Para
terminar quisiera llevar este mensaje, que debería ser una definición, y a lo
mejor una definición sobre el hecho, este hecho divino que protagonizó María al
lado de San José, que supo comprender y aceptar, a través del amor de ser
padre, la entrega de su hijo. De ahí partió también la concepción social más
importante, que es la familia, y esto que se representa como la Sagrada Familia es
hoy la definición también de la humanidad. Sin familia no hay humanidad, porque
sin familia no hay creación. Sin creación se va agotando la humanidad. Es el
control, el primer núcleo, y debemos llevar adelante esto con esfuerzo, sin
mezquindad y con esa fuerza que nos permita construir un mundo más justo, un
mundo más vivible, un mundo más sensible que nos posibilite festejar un 15 de
agosto no solamente como un hecho advocativo a María sino como un hecho de
justicia, de generalidad social.
Como
siempre, yo tengo una frase para terminar, y es lo que siempre le pido a María:
que nos salve y que nos proteja. (Aplausos.)
Sr.
PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el
señor concejal Alessi.
Sr.
ALESSI.- Señor presidente, señor obispo, señor
intendente municipal, señores concejales, invitados especiales y vecinos en
general: como cada 15 de agosto, conmemoramos y brindamos nuestro más sentido
homenaje a Nuestra Señora de la
Asunción , Patrona de nuestra querida ciudad.
Los
avellanedenses que hemos sido forjados en la fe año tras año renovamos nuestro
compromiso con la Virgen
con la firme convicción de que hoy más que nunca hay que sostener y mantener
los valores que inspirados en Nuestra Señora nos transmitieron nuestros padres
y abuelos, generación tras generación.
En
estas épocas en que se viven difíciles situaciones sociales y económicas que
afectan a nuestro pueblo y fundamentalmente a nuestros jóvenes esperamos, con
el esfuerzo de todos y con la invocación de Nuestra Patrona, encauzar a nuestra
sociedad a rumbos cada vez mejores.
Es
por eso que con total humildad le pedimos que nos guíe, abriendo nuestros
corazones y mancomunados con todos. Más allá de las diferencias
circunstanciales que nos quieran separar, tenemos que transitar caminos en
común con objetivos en común para llevar al pueblo a la felicidad y a logros de
conjunto.
Por
todo esto rogamos a Nuestra Señora de la Asunción que mantenga encendida nuestra fe y
bendiga a nuestra ciudad que la proclama como su Patrona y Madre. (Aplausos.)
Sr.
PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el
señor concejal Paz.
Sr.
PAZ.- Señor presidente: voy a ser muy breve.
Nosotros hoy venimos a escuchar el mensaje de esperanza que generalmente nos trae
monseñor Frassia. Pero
me parece que es bueno explicar un poco en qué se han transformado estas
fiestas patronales para nosotros, para nuestra ciudad, para nuestros vecinos.
Hace menos de veinticuatro horas cada uno de los que estamos acá sentados en representación
del pueblo estábamos defendiendo nuestras convicciones, nuestras ideas, y hoy
detrás de la imagen de la
Virgen de la
Asunción y de lo que esto representa para nosotros, estamos
unificados acá sabiendo que es un camino que hay que seguir, y que hoy por la
tarde muchos de nuestros vecinos, gente que nosotros representamos, van a
transformar estas fiestas patronales y la fe en una representación a la que
nosotros tenemos que asistir para acompañar a nuestro pueblo ahí donde está.
Eso nos unifica, nos pone en comunión a cada uno de nosotros con quienes
representamos.
Me parece que esos son los valores que
tenemos que defender y esto es lo que ha hecho de las fiestas patronales un
momento en el que nuestra gente siente que puede ver un futuro diferente a
través de las enseñanzas de María. (Aplausos.)
Sr.
PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito a nuestro obispo
a dar su mensaje.
Sr. FRASSIA.- Quiero agradecer en primer lugar a este Honorable Concejo
Deliberante, a su presidente, don Armando Bertolotto, y a todos sus
integrantes, que representa a la comunidad de Avellaneda, la cordial recepción
como obispo diocesano a esta sesión que cada año nos reúne para ofrecer nuestro
homenaje a María de la
Asunción , Patrona de nuestra ciudad y de nuestra Diócesis.
Saludo en particular y agradezco la presencia del señor intendente municipal,
ingeniero Jorge Ferraresi, y de todo su equipo de conducción.
Quiero
expresar que estas palabras mías dirigidas a esta honorable asamblea han sido
preparadas con anterioridad sin tener en cuenta los resultados del día de ayer
después de las elecciones primarias en nuestro país.
La
presencia de la
Santísima Virgen para nuestra fe cristiana refleja un ámbito
que nos trasciende, pero que incide no sólo en nuestra vida personal y privada
sino fundamentalmente en el accionar de la vida pública. La sociedad no puede
ignorar la religión y mucho menos puede separarla porque es un componente suyo
natural: el hombre es un ser religioso y societario. La escucha de la Palabra de Dios sirve de condición
para la búsqueda del bien común, de la justicia y de la reconciliación en la
verdad. Dicho de otra manera, la presencia y el reconocimiento de Dios es
garantía del respeto a la persona humana.
El
Santo Padre, Benedicto XVI, decía en la solemnidad de la Asunción del año pasado:
“Entonces podemos preguntarnos cuáles son las raíces de esta victoria sobre la
muerte anticipada prodigiosamente en María. Las raíces están en la fe de la Virgen de Nazaret, como
atestigua el pasaje del Evangelio que hemos escuchado, Lucas, Capítulo I, una
fe que es obediencia a la
Palabra de Dios y abandono total a la iniciativa y a la
acción divina, según lo que le anuncia el arcángel. La fe, por tanto, es la
grandeza de María, como proclama gozosamente Isabel: María es “bendita entre
las mujeres”, “bendito es el fruto de su vientre” porque es “la madre del
Señor”, porque cree y vive de forma única la “primera” de las bienaventuranzas,
la bienaventuranza de la fe”.
Quiero
hacer objeto de mi reflexión del día de hoy, si me permiten, un tema central:
el de la conciencia. Esta cuestión atraviesa los diferentes campos en los que
ustedes están comprometidos y es fundamental para una sociedad libre y justa,
tanto en el plano nacional como internacional. Hay que poner el acento al
reconocimiento y la garantía de la libertad de conciencia, de los derechos
humanos, a la libertad política, base de una sociedad libre, atendiendo, sin
embargo, a la racionalidad y a la libertad en su fundamento trascendente, para
evitar que dichas conquistas se autodestruyan.
La
calidad de la vida social y civil, la calidad de la democracia, dependen en
buena parte de este punto “crítico” que es la conciencia, de cómo es
comprendida y de cuánto se invierte en su formación. Si la conciencia, según el
pensamiento moderno más en boga, se reduce al ámbito de lo subjetivo, al que se
relegan la religión y la eticidad, la crisis de nuestra sociedad no tiene
solución, y estamos frente a una tremenda involución. En cambio, si la
conciencia vuelve a descubrirse como lugar de escucha de la verdad y del bien,
lugar de la responsabilidad ante Dios y los hermanos en humanidad, que es la
fuerza contra el deterioro de la democracia, entonces hay esperanza de futuro.
No
puedo dejar de citar al Concilio Vaticano II en el famoso número 16 de la Gaudium et spes: “En lo más profundo de su
conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí
mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario,
en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y
que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley
escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana
y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto
y el sagrario del hombre en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz
resuena en el recinto más íntimo de aquélla.”
Siguiendo
el tema de la conciencia considerada como clave para el desarrollo cultural y
la construcción del bien común, en la formación de la conciencia la Iglesia ofrece a la
sociedad su contribución más singular y valiosa. Una contribución que comienza
en la familia, que esté atenta al verdadero bien de la persona humana, a su
dignidad y libertad, y capaz de salvaguardar el derecho de toda persona que
puede vivir en paz.
A
veces, a las realidades educativas les resulta difícil dar respuestas adecuadas
a los jóvenes, y faltando el apoyo familiar, a menudo éstos no pueden
insertarse normalmente en el tejido social. Por eso es importante reconocer que
la familia es el principal sujeto que puede favorecer un crecimiento armonioso
y hacer que maduren personas libres y responsables, formadas en los valores
profundos y perennes.
Recordemos, con el Papa Benedicto, que
“el amor es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada
persona y de toda la humanidad”. Esta lógica de la gratuidad, aprendida en la
infancia y la adolescencia, se vive después en otros ámbitos, en el juego y el
deporte, en las relaciones interpersonales, en el arte, en el servicio
voluntario a los pobres y los que sufren, y una vez asimilada se puede
manifestar en los ámbitos más complejos de la política y la economía,
trabajando por una “polis” que sea acogedora y hospitalaria, y al mismo tiempo
no vacía, no falsamente neutra, sino rica de contenidos humanos, con una fuerte
dimensión ética.
Aquí es donde los fieles laicos están
llamados a aprovechar generosamente su formación, guiados por los principios de
la Doctrina Social
de la Iglesia ,
a favor de una laicidad auténtica, de la justicia social, la defensa de la vida
y la familia, la libertad religiosa y de educación.
Queridos hermanos, pensemos seriamente
y asumamos lo que nos toca vivir hoy. Quien asume este presente sabrá
responsablemente preparar lo venidero para las generaciones futuras. Pero para
esto hay que pensar, reflexionar, tener capacidad de escucha, humildad y
valentía para seguir incidiendo en la historia de nuestra querida Nación.
Le pido hoy a la Santísima Virgen
María, asunta al cielo en estas celebraciones cívicas, patronales y jubilares,
que nos ayude a levantar la mirada, el espíritu, el trabajo, las motivaciones y
la vida. Que bendiga nuestras familias, nuestra ciudad de Avellaneda, que
bendiga a todos y que el motivo de esta fiesta nos haga experimentar que todos
pertenecemos a la misma familia humana.
Dios los bendiga y la Virgen los proteja. (Aplausos.)
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Habiéndose cumplido con el homenaje
a la Virgen ,
queda levantada la sesión.
- Es la hora
12 y 58.