lunes, 26 de marzo de 2012

Sesión Especial 15-8-11


-          En la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, a los quince días del mes de agosto de 2011, a la hora 12 y 25:


CONVOCATORIA

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Con la presencia de los señores concejales que integran los distintos bloques políticos de este Concejo Deliberante  damos comienzo a la sesión especial convocada para el día de la fecha a efectos de rendir homenaje a Nuestra Señora de la Asunción, Patrona de Avellaneda.
          Agradezco especialmente la presencia de Su Excelencia el Señor Obispo de la Diócesis Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Frassia; del señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi; de los secretarios del Departamento Ejecutivo, el doctor Parrilla y el señor Fiorentino; del presidente del Consejo Escolar, Luis Sagol; del compañero concejal y director de Medios, Jorge Degli Innocenti; del secretario de Derechos Humanos, Claudio Yacoy; de nuestro compañero Hugo Caruso, de Cultura; de la doctora Lilian Fernández; del defensor del Pueblo, Sebastián Vinagre; del senador provincial Roberto Ravale; del reverendo Agostinacchio, de la Iglesia Bíblica Cristiana; de nuestro gran compañero y diputado provincial retirado Héctor Alice; del concejal Santiago Dante, subsecretario de Deportes; del vicejefe de Gabinete del defensor del Pueblo, Tomás Dadic, y también está Fabián Dadic, que es de los Cascos Blancos; de las autoridades policiales; del profesor Roberto Casero; de monseñor Jorge Bazán; del padre Gustavo Ercolino, párroco de la Catedral; del presidente de la Comisión Ejecutiva de los Festejos, Juan Quetlglas; de don Néstor Santos, del Círculo de Prensa Avellaneda-Lanús; de los invitados especiales, de los vecinos y amigos; de Juan Belén, secretario adjunto de la CGT nacional; del compañero Barrios, secretario general de la UOM, y del compañero Sergio Jerez, secretario general de la CGT Avellaneda-Lanús.
          Por Secretaría se dará lectura al decreto de convocatoria.

Sra. SECRETARIA (Luna).- Dice así:

-   Se lee.

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito al cuerpo a entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino.

-   Puestos de pie los señores concejales, autoridades invitadas y público asistente entonan las estrofas del Himno Nacional Argentino. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Bertolotto).- Invito al señor obispo de nuestra diócesis y al señor intendente municipal a compartir el estrado de la Presidencia.

- El señor obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, y el señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi, ocupan sus respectivos lugares en el estrado de la Presidencia.


manifestaciones


Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito a los señores concejales a hacer uso de la palabra.
          Tiene la palabra el señor concejal Marchesi.

Sr. MARCHESI.- Señor presidente: en nombre del bloque del Partido Justicialista Frente para la Victoria quería agradecer la presencia del señor intendente municipal; del señor obispo diocesano, monseñor Frassia; de las autoridades municipales y provinciales; de las autoridades eclesiásticas, autoridades sociales.
          Hoy es un día muy particular, si bien todos los años el 15 de agosto representa para nosotros una fecha importante en nuestra ciudad, y no como un hecho casual sino como un hecho real y puntual hoy nos convoca la Virgen, nuestra Virgen María.  En esta convocatoria nosotros también celebramos las Fiestas Patronales de la ciudad de Avellaneda.
          Seguramente este acontecimiento social nos transporta a través de nuestra fe a la veneración de nuestra Santa Patrona, pero existe también en la razón la idea de que esta fecha no marca sólo un festejo en la ciudad sino que es un día de goce para toda la comunidad cristiana. Esta comunidad cristiana que a través de su fe encuentra en la veneración de María la perfección, la perfección de la pureza, de la vida, de la vida concebida a través de su creación por el Espíritu Santo, convirtiendo esta obra de amor en un milagro, un milagro de nuestra fe. Y ese milagro fue un milagro hecho hombre, que vino a redimir la humanidad de sus pecados.
          Entregó su cuerpo para lograr nuestra salvación, y es este hombre imperfecto que hoy representamos todos los que profesamos la fe cristiana, a través de la Biblia. Y en todas las comunidades también, los judíos a través de la Torá, los musulmanes y los islámicos a través del Corán.
          Porque este es un hecho de fe, es un hecho irredimible, en donde nuestra vida se desarrolla, y sería imposible desarrollar una vida sin fe, más allá de las creencias, porque al hombre lo sostiene la fe. En todos los hechos fundamentalmente cotidianos pero también profesionales está presente esa fuerza de fe para emprender esta realidad, esta realidad que es la vida.
          Cristo fue nuestro salvador; hace 2011 años que está presente, y está presente a través de esa proyección porque fue un hijo puro de una concepción divina, a través de María. En un acto de amor y fidelidad sublime y de pie junto a la Cruz, María representó la entrega de una madre, una verdadera madre que entregó a su hijo para la salvación de los cristianos y la salvación de la humanidad.
          Hoy todos nosotros, los hombres de este mundo que debemos asumir compromisos, desde cualquier lugar, desde cualquier punto, debemos enfrentar aunque nos duela esta realidad del mundo en el que vivimos. Es un mundo que está permanentemente convulsionado, con situaciones que a veces hasta nos sorprenden y no nos permiten tener una medida en la fijación de la realidad. Es la humanidad.
          El mundo no es un hecho casual, somos nosotros, los hombres de cualquier lugar y procedencia, de cualquier ideología y creencia. Somos los que construimos esta sociedad, esta sociedad que a veces nos duele porque sabemos perfectamente que hay injusticia, y todavía hay muchas cosas sin resolver. Y los que estamos acá presentes, como hombres responsables de la formación y la construcción permanente y diaria de esta sociedad, debemos entender que también ese compromiso que asumimos lo tenemos que trasladar a los hechos.
          Debemos sentir al hombre no solamente como un sujeto social sino también como un sujeto de amor. Estamos hablando de María, y María fue eso, puramente amor. Ese amor puro con proyección a través de lo que su hijo entregó. Tal vez nosotros, reflejados en esa instancia y en ese instante, deberíamos ver también que cuando asumimos una responsabilidad debemos proyectarnos a través de esa entrega y trabajar para poder cambiar algunas cosas que no sirven.
          El hombre no es sólo el hombre: el hombre es el hombre y sus circunstancias; esas circunstancias son las que desarrollamos diariamente.
          Las políticas que nosotros podemos establecer ‑tenemos la posibilidad de hacerlo‑ deberían incluir un poco más una realidad: estamos en un país beneficiado por muchas cosas. Desde el punto de vista geopolítico, y también desde el punto de vista de producción, éste hoy es un país beneficiado, y beneficiado no solamente por la economía: también estuvo la mano de Dios. Vivimos en un país que es un vergel, utilizando esa posibilidad, pudiendo nosotros avanzar hacia la ayuda y el apoyo desde el centro hacia afuera.
          Para terminar quisiera llevar este mensaje, que debería ser una definición, y a lo mejor una definición sobre el hecho, este hecho divino que protagonizó María al lado de San José, que supo comprender y aceptar, a través del amor de ser padre, la entrega de su hijo. De ahí partió también la concepción social más importante, que es la familia, y esto que se representa como la Sagrada Familia es hoy la definición también de la humanidad. Sin familia no hay humanidad, porque sin familia no hay creación. Sin creación se va agotando la humanidad. Es el control, el primer núcleo, y debemos llevar adelante esto con esfuerzo, sin mezquindad y con esa fuerza que nos permita construir un mundo más justo, un mundo más vivible, un mundo más sensible que nos posibilite festejar un 15 de agosto no solamente como un hecho advocativo a María sino como un hecho de justicia, de generalidad social.
          Como siempre, yo tengo una frase para terminar, y es lo que siempre le pido a María: que nos salve y que nos proteja. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Alessi.

Sr. ALESSI.- Señor presidente, señor obispo, señor intendente municipal, señores concejales, invitados especiales y vecinos en general: como cada 15 de agosto, conmemoramos y brindamos nuestro más sentido homenaje a Nuestra Señora de la Asunción, Patrona de nuestra querida ciudad.
          Los avellanedenses que hemos sido forjados en la fe año tras año renovamos nuestro compromiso con la Virgen con la firme convicción de que hoy más que nunca hay que sostener y mantener los valores que inspirados en Nuestra Señora nos transmitieron nuestros padres y abuelos, generación tras generación.
          En estas épocas en que se viven difíciles situaciones sociales y económicas que afectan a nuestro pueblo y fundamentalmente a nuestros jóvenes esperamos, con el esfuerzo de todos y con la invocación de Nuestra Patrona, encauzar a nuestra sociedad a rumbos cada vez mejores.
          Es por eso que con total humildad le pedimos que nos guíe, abriendo nuestros corazones y mancomunados con todos. Más allá de las diferencias circunstanciales que nos quieran separar, tenemos que transitar caminos en común con objetivos en común para llevar al pueblo a la felicidad y a logros de conjunto.
          Por todo esto rogamos a Nuestra Señora de la Asunción que mantenga encendida nuestra fe y bendiga a nuestra ciudad que la proclama como su Patrona y Madre. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Paz.

Sr. PAZ.- Señor presidente: voy a ser muy breve. Nosotros hoy venimos a escuchar el mensaje de esperanza que generalmente nos trae monseñor Frassia. Pero me parece que es bueno explicar un poco en qué se han transformado estas fiestas patronales para nosotros, para nuestra ciudad, para nuestros vecinos. Hace menos de veinticuatro horas cada uno de los que estamos acá sentados en representación del pueblo estábamos defendiendo nuestras convicciones, nuestras ideas, y hoy detrás de la imagen de la Virgen de la Asunción y de lo que esto representa para nosotros, estamos unificados acá sabiendo que es un camino que hay que seguir, y que hoy por la tarde muchos de nuestros vecinos, gente que nosotros representamos, van a transformar estas fiestas patronales y la fe en una representación a la que nosotros tenemos que asistir para acompañar a nuestro pueblo ahí donde está. Eso nos unifica, nos pone en comunión a cada uno de nosotros con quienes representamos.
          Me parece que esos son los valores que tenemos que defender y esto es lo que ha hecho de las fiestas patronales un momento en el que nuestra gente siente que puede ver un futuro diferente a través de las enseñanzas de María. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito a nuestro obispo a dar su mensaje.

Sr. FRASSIA.- Quiero agradecer en primer lugar a este Honorable Concejo Deliberante, a su presidente, don Armando Bertolotto, y a todos sus integrantes, que representa a la comunidad de Avellaneda, la cordial recepción como obispo diocesano a esta sesión que cada año nos reúne para ofrecer nuestro homenaje a María de la Asunción, Patrona de nuestra ciudad y de nuestra Diócesis. Saludo en particular y agradezco la presencia del señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi, y de todo su equipo de conducción.
          Quiero expresar que estas palabras mías dirigidas a esta honorable asamblea han sido preparadas con anterioridad sin tener en cuenta los resultados del día de ayer después de las elecciones primarias en nuestro país.
          La presencia de la Santísima Virgen para nuestra fe cristiana refleja un ámbito que nos trasciende, pero que incide no sólo en nuestra vida personal y privada sino fundamentalmente en el accionar de la vida pública. La sociedad no puede ignorar la religión y mucho menos puede separarla porque es un componente suyo natural: el hombre es un ser religioso y societario. La escucha de la Palabra de Dios sirve de condición para la búsqueda del bien común, de la justicia y de la reconciliación en la verdad. Dicho de otra manera, la presencia y el reconocimiento de Dios es garantía del respeto a la persona humana.
          El Santo Padre, Benedicto XVI, decía en la solemnidad de la Asunción del año pasado: “Entonces podemos preguntarnos cuáles son las raíces de esta victoria sobre la muerte anticipada prodigiosamente en María. Las raíces están en la fe de la Virgen de Nazaret, como atestigua el pasaje del Evangelio que hemos escuchado, Lucas, Capítulo I, una fe que es obediencia a la Palabra de Dios y abandono total a la iniciativa y a la acción divina, según lo que le anuncia el arcángel. La fe, por tanto, es la grandeza de María, como proclama gozosamente Isabel: María es “bendita entre las mujeres”, “bendito es el fruto de su vientre” porque es “la madre del Señor”, porque cree y vive de forma única la “primera” de las bienaventuranzas, la bienaventuranza de la fe”.
          Quiero hacer objeto de mi reflexión del día de hoy, si me permiten, un tema central: el de la conciencia. Esta cuestión atraviesa los diferentes campos en los que ustedes están comprometidos y es fundamental para una sociedad libre y justa, tanto en el plano nacional como internacional. Hay que poner el acento al reconocimiento y la garantía de la libertad de conciencia, de los derechos humanos, a la libertad política, base de una sociedad libre, atendiendo, sin embargo, a la racionalidad y a la libertad en su fundamento trascendente, para evitar que dichas conquistas se autodestruyan.
          La calidad de la vida social y civil, la calidad de la democracia, dependen en buena parte de este punto “crítico” que es la conciencia, de cómo es comprendida y de cuánto se invierte en su formación. Si la conciencia, según el pensamiento moderno más en boga, se reduce al ámbito de lo subjetivo, al que se relegan la religión y la eticidad, la crisis de nuestra sociedad no tiene solución, y estamos frente a una tremenda involución. En cambio, si la conciencia vuelve a descubrirse como lugar de escucha de la verdad y del bien, lugar de la responsabilidad ante Dios y los hermanos en humanidad, que es la fuerza contra el deterioro de la democracia, entonces hay esperanza de futuro.
          No puedo dejar de citar al Concilio Vaticano II en el famoso número 16 de la Gaudium et spes: “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla.”
          Siguiendo el tema de la conciencia considerada como clave para el desarrollo cultural y la construcción del bien común, en la formación de la conciencia la Iglesia ofrece a la sociedad su contribución más singular y valiosa. Una contribución que comienza en la familia, que esté atenta al verdadero bien de la persona humana, a su dignidad y libertad, y capaz de salvaguardar el derecho de toda persona que puede vivir en paz.
          La Iglesia anima y colabora, siempre en una sana autonomía, a que las legislaciones civiles promuevan y tutelen siempre la vida humana, desde la concepción hasta su fin natural. Además pide para la familia el debido reconocimiento y un apoyo efectivo. De hecho, sabemos bien que en el contexto actual se pone en tela de juicio la institución familiar, casi en un intento de ignorar su irrenunciable valor. Los que sufren las consecuencias son los grupos sociales más débiles, especialmente las generaciones jóvenes, más vulnerables y por eso más fácilmente inclinados a la desorientación.
          A veces, a las realidades educativas les resulta difícil dar respuestas adecuadas a los jóvenes, y faltando el apoyo familiar, a menudo éstos no pueden insertarse normalmente en el tejido social. Por eso es importante reconocer que la familia es el principal sujeto que puede favorecer un crecimiento armonioso y hacer que maduren personas libres y responsables, formadas en los valores profundos y perennes.
          Recordemos, con el Papa Benedicto, que “el amor es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”. Esta lógica de la gratuidad, aprendida en la infancia y la adolescencia, se vive después en otros ámbitos, en el juego y el deporte, en las relaciones interpersonales, en el arte, en el servicio voluntario a los pobres y los que sufren, y una vez asimilada se puede manifestar en los ámbitos más complejos de la política y la economía, trabajando por una “polis” que sea acogedora y hospitalaria, y al mismo tiempo no vacía, no falsamente neutra, sino rica de contenidos humanos, con una fuerte dimensión ética.
          Aquí es donde los fieles laicos están llamados a aprovechar generosamente su formación, guiados por los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, a favor de una laicidad auténtica, de la justicia social, la defensa de la vida y la familia, la libertad religiosa y de educación.
          Queridos hermanos, pensemos seriamente y asumamos lo que nos toca vivir hoy. Quien asume este presente sabrá responsablemente preparar lo venidero para las generaciones futuras. Pero para esto hay que pensar, reflexionar, tener capacidad de escucha, humildad y valentía para seguir incidiendo en la historia de nuestra querida Nación.
          Le pido hoy a la Santísima Virgen María, asunta al cielo en estas celebraciones cívicas, patronales y jubilares, que nos ayude a levantar la mirada, el espíritu, el trabajo, las motivaciones y la vida. Que bendiga nuestras familias, nuestra ciudad de Avellaneda, que bendiga a todos y que el motivo de esta fiesta nos haga experimentar que todos pertenecemos a la misma familia humana.
          Dios los bendiga y la Virgen los proteja. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Habiéndose cumplido con el homenaje a la Virgen, queda levantada la sesión.

- Es la hora 12 y 58.