miércoles, 16 de marzo de 2011

Sesión Especial (15-08-10)

- En la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, a los quince días del mes de agosto de 2010, a la hora 10 y 28:


CONVOCATORIA

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Con la presencia de los señores concejales que representan a los distintos bloques políticos de este Concejo Deliberante, damos comienzo a la sesión especial convocada para el día de la fecha a efectos de rendir homenaje a Nuestra Señora de la Asunción, Patrona de Avellaneda.
Agradezco especialmente la presencia de Su Excelencia el Señor Obispo de la Diócesis Avellaneda-Lanús, Monseñor Rubén Frassia; del señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi; del coordinador y secretario de Cultura, Hugo Caruso; del jefe de Gabinete Hugo Barrueco; de la doctora Lilian Fernández, secretaria de Gobierno; de nuestro concejal y actual director de Medios Audiovisuales, Jorge Degli Innocenti; de Carlos Fiorentino, secretario de Acción Social; del ingeniero Humberto Borsani, secretario de Medio Ambiente; de Susana Gutt, de Hacienda; de Mariano Marchesi, nuestro secretario Legal; de Claudio Yacoy, director de Derechos Humanos; de Ariel Lambezat, nuestro secretario de Obras Públicas; de nuestro compañero, el diputado provincial (mandato cumplido) Héctor Alice; de la directora provincial y concejala Gladys Pestillo, del Ministerio de Desarrollo; del secretario general de la tan ansiada unificación de la CGT Avellaneda-Lanús, compañero Sergio Jerez; de los distintos compañeros; del senador provincial Roberto Ravale; del vicejefe de Gabinete del defensor del Pueblo, Tomás Dadic; de la directora nacional de Reincidencia, doctora Mónica Litza; de los miembros de la Comisión Ejecutiva de los Festejos, y de su presidente, Juan Quetlglas; de Roberto Casero; del presidente del Círculo de la Prensa Avellaneda Lanús, Néstor Santos; de Joaquín Escobar, del Partido Frente Grande; del padre Gustavo Ercolino, párroco de la Catedral, y de todos los demás invitados y presentes.
Por Secretaría se dará lectura del decreto de convocatoria.

Sr. SECRETARIO (Tiraso).- Dice así:

- Se lee.

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito a los presentes a entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino.

- Puestos de pie los señores concejales, invitados especiales y público asistente entonan las estrofas del Himno Nacional Argentino. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito al señor obispo de nuestra diócesis, monseñor Rubén Oscar Frassia, y al señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi, a compartir el estrado de la Presidencia.

- El señor obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, y el señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi, ocupan sus respectivos lugares en el estrado de la Presidencia.


MANIFESTACIONES

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito a los señores concejales a hacer uso de la palabra.
Tiene la palabra la señora concejala Alice.

Sra. ALICE.- Señor presidente; señor obispo de la Diócesis Avellaneda-Lanús, Monseñor Rubén Frassia; señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi; funcionarios e invitados especiales, porque no quisiera olvidarme de ninguno, y compañeros de este cuerpo: en principio, en nombre del bloque del Partido Justicialista Frente para la Victoria quiero darles la bienvenida a esta sesión especial en este Concejo Deliberante, donde nos encontramos los representantes de los vecinos de la ciudad, sumándonos una vez más a cada 15 de agosto, que desde que Avellaneda era Barracas al Sud el festejo de nuestra señora de la Asunción se viene haciendo, y obviamente en este año tan importante, como es el año del bicentenario.
Nuestra ciudad fue creciendo a través de un pueblo trabajador, tras la generación de industrias y el desarrollo constante, y tuvo y tiene bien arraigado en su corazón el concepto de la fe y de la imagen de María. Y es a quien me voy a referir en mi condición de género ya que no quiero dejar pasar el reconocimiento a María tomándola como modelo acabado de mujer.
Ella no ha de ser para nosotros tanto un objeto de piedad, sino un modelo de identificación y contemplación, que se caracterizó por la total dedicación al servicio de la humanidad, principalmente por estar atenta a las necesidades del ambiente que la rodeaba.
No podemos ni debemos caer en el error de reducir la actividad de María como Madre que lleva al hombre al encuentro con su Hijo por medio de la reconciliación, sino como un ejemplo fundamental, además, para la calidad humana.
Me refiero a que supo vivir y aceptar sin vacilaciones un camino de entrega y servicio. Tuvo a su Hijo, sufrió persecuciones, necesidades, padeció las humillaciones de quienes creían ser poderosos. Le arrebataron lo más preciado que tiene una mujer, vio su crucifixión y sin embargo con magnánima convicción guardó y aceptó en su interior los designios que le tocó vivir, descartando de raíz el resentimiento.
La llegada de su Hijo la vivió con felicidad, a la persecución, con convicción, la humillación, con exaltación, y a la violencia, en vez de responder con más violencia, la vio con misericordia.
Quizás es ésta una de las enseñanzas vivas de María, que a través de la fe podemos enriquecer y poner en práctica para alcanzar conjuntamente con las instituciones que tienen en común la actividad pública, el trabajo cotidiano por la dignidad del hombre.
Desde mi humilde opinión, en este sentido, el ejemplo de María es fundamental. Y a quienes hoy nos toca gobernar, buscamos el camino en el que a la violencia le interpongamos una fuerte tarea de inclusión, a través de programas, obras, trabajo formal e informal, dispuesto a transformar paulatinamente dentro de los marcos de formalidad, acercando inclusive las herramientas de última generación.
Y respecto a esto podemos decir que en esta modernidad el avance de la tecnología y la ciencia ha llevado a la humanidad a creer ciegamente en el poder de estas disciplinas, y a considerar los problemas de la vida desde una perspectiva cada vez menos religiosa y filosófica. Pero precisamente por ser éstas meras herramientas, debemos volver a la fuente con el propósito de mancomunar las actividades más antiguas que le dieron entidad a la humanidad, como lo son la religiosa y la política.
Y entonces, en esa comunión, trabajar denodadamente para afrontar los desafíos sociales, culturales y políticos de una sociedad que constantemente evoluciona con características diferentes, sí, y problemáticas conocidas diferentes.
Para ir terminando quisiera hacer mías las palabras del escritor argentino que expresaba específicamente lo siguiente: “Les propongo entonces, con las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso: salgamos, arriesguémonos por el otro, trabajemos con quien extiende sus brazos para que una nueva ola de la historia nos levante. Quizás ya lo está haciendo de un modo silencioso y subterráneo, como los brotes que laten bajo la tierra del invierno. Sólo quienes sean capaces de encarnar esta utopía serán más aptos para el combate decisivo: el de recuperar cuánto de humanidad hayamos perdido.”
Agradezco una vez más la participación en estas fiestas patronales en este espacio de la democracia donde el objetivo de las ideologías representadas aquí es el ejercicio de la política para el bien común. No hay bien común que no esté cimentado en el bien de las personas, más allá de toda diferencia, dejando impresa en cada liberación, en cada actitud que llevamos adelante, el sello de nuestra fe. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal García.

Sr. GARCÍA (R.D.).- En primera instancia quiero agradecer la presencia del señor obispo de Avellaneda-Lanús, Rubén Frassia; de nuestro intendente, Jorge Ferraresi; de usted, señor presidente Armando Bertoloto, de todos los funcionarios y de todo este cuerpo.
El bloque Unión PRO quiere manifestar que este es un día muy especial para todos los cristianos, sobre todo los avellanedenses, puesto que festejamos la solemnidad de Nuestra Señora de la Asunción.
No podemos dejar de recordar que Avellaneda fue cuna de trabajadores que forjaron una ciudad industrial. No nos olvidemos de nuestros saladeros, nuestros frigoríficos, el mercado de frutos, creciendo también junto a la fe cristiana y por lo tanto reconociendo a Dios, fuente de toda razón y justicia.
En nuestras familias los niños tienen que obedecer a sus padres, pero les enseñamos que primero y sobre todas las cosas está Dios, Nuestro Señor. Nunca tenemos que dejarlo entrar de modo secundario sino primero en nuestras consideraciones.
En estos días no podemos olvidarnos del sacramento del matrimonio, que está en crisis; de la falta de seguridad de nuestros ancianos con reclamos justos; de los niños y jóvenes que delinquen cada día a una edad más temprana, y nos preguntamos cómo sería si nuestro país tuviera pleno trabajo, como decir que en su mayoría lo que hoy poseemos es por Dios, y como decía el escritor Roberto Arlt, por la prepotencia del trabajo.
Por eso pido que Dios bendiga a nuestros gobernantes en estos momentos tan difíciles para nuestra amada Avellaneda y amada Argentina. No me cabe duda de que eso sucederá y podremos revertir el flagelo que nos aflige.
Para terminar pido que dicha bendición recaiga en cada uno de los aquí presentes y en el pueblo avellanedense. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Alessi.

Sr. ALESSI.- Señor obispo, señor intendente interino, señor presidente, señores concejales, invitados especiales y vecinos en general: como cada 15 agosto los avellanedenses conmemoramos y brindamos nuestro sincero homenaje a Nuestra Señora de la Asunción, Patrona de la ciudad de Avellaneda. Los que crecimos y además seguimos viviendo en nuestra ciudad recabando día a día nuestro compromiso con ella tenemos recuerdos y valores heredados, pero a la vez proyectos y esperanzas basados en la fe.
Nuestra ciudad vive graves dificultades en vastos sectores de su población, como ser la marginalidad, la falta de trabajo, la drogadependencia, las dificultades económicas, la inseguridad y todo lo que ya conocemos y que va haciendo mella en el ánimo de los avellanedenses. Es imprescindible mantener firme nuestra fe y los valores que alguna vez hicieron grande a nuestra ciudad para que nuestros vecinos recuperen la capacidad y posibilidad de desarrollarse integralmente como personas.
Es por eso que pensando en la Virgen e invocándola para que nos guíe en nuestro transitar y en la responsabilidad que el pueblo de Avellaneda nos ha asignado queremos abrir nuestros corazones y nuestro pensamiento para trabajar con humildad y el compromiso necesario que nos permita, con todos y sin mezquindades, incluso con aquellos que no estén en nuestro mismo punto de partida pero que desde otros caminos buscan llegar a los mismos objetivos del bien común.
Sobre la base de estos postulados le rogamos a nuestra Señora de la Asunción que nos guíe y que bendiga a nuestro pueblo, un pueblo que la proclama como su Patrona y a la cual acude reconociéndola como su Madre. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Doval.

Sr. DOVAL.- Señor presidente, señor obispo, señor intendente de la ciudad y público presente: en principio en este recinto, que vendría a ser la representación más acabada dentro de la localidad de la democracia, porque aquí están sus representantes, me toca hoy a mí hacer referencia a quien es dentro de la Santidad el patrono de los políticos, que es Santo Tomás Moro. En otras ocasiones otros concejales lo hicieron oportunamente.
Un santo que murió por no traicionar sus ideales, un santo que ideó aquella utopía, aquella isla donde los hombres despreciaban las riquezas, donde ser rico era algo despreciable y donde ser un igual y vivir en armonía y felicidad hacía realidad aquella sentencia aristotélica de que el objeto del Estado es la felicidad de la existencia.
Pero también otro gran teórico político, filósofo político, ha dicho que suelen decir los hombres prudentes, y no por casualidad ni inmerecidamente, que quien desee ver lo que será debe considerar lo que ha sido. No podemos saber ni tener plena conciencia hacia donde vamos si no podemos observar, si no podemos ver de donde venimos.
Como generación, a lo mejor a mí, personalmente, hubo algunos hechos en la Argentina que me marcaron muy a fuego. Hago referencia principalmente a la crisis del 2001, cuando este país se sumaba en la anarquía, cuando este país tenía compatriotas que tenían que salir a buscar con que alimentarse porque no tenían y no contaban, y el Estado argentino no les daba la posibilidad de ganar su pan con dignidad y dignamente.
Entonces, creo que es fundamental poder saber de donde venimos para saber hacia donde vamos. Y creo que de ese 2001 a esta fecha los argentinos hemos avanzado bastante. Y está bien que lo discutamos y que lo hablemos en este lugar, y está bien que lo hagamos en este momento, en donde le damos nuestra fe a nuestra Virgen. Porque hemos profundizado la democracia que tanto nos costó a los argentinos tener, que tanto sufrimiento nos costó a los argentinos.
La hemos profundizado en muchos sentidos. La hemos profundizado desde la diversidad, porque también tenemos que tener conciencia de que nuestra sociedad va camino hacia la diversidad, de que es mucho más diversa en su composición que lo que era antes.
Y fundamentalmente la hemos profundizado con una ley de medios que el país ha votado, y ya no vamos a tener más concentrada la información y va a poder distribuirse la información y los pareceres y las opiniones de manera diversa, tal cual es la sociedad.
También no podemos dejar escapar que esa profundización de la democracia y esa búsqueda de la dignidad se tiene que hacer sobre la base de una frase tan importante para nosotros como es la de los que tienen hambre y sed de justicia.
Yo imagino y siempre me gusta imaginarme a Jesús con los distintos, me gusta imaginarme a Jesús como lo he leído, con las prostitutas, con los ladrones; me gusta imaginarme a Jesús con los miserables, con los excluidos; me gusta imaginarme a Jesús con los pobres; me gusta imaginarlo también con los distintos.
Y en este sentido, este último año también hemos avanzado en tener una sociedad más igualitaria para todos. Y me parecería que no sería justo decir que hemos llegado a un punto ideal, porque falta mucho, falta muchísimo.
Ella es como aquella utopía de Tomás Moro: es probable y hasta a veces creemos que nunca vamos a alcanzarla, pero al estar allí nos sirve de guía para saber hacia dónde tenemos que caminar.
Señor presidente, señor obispo, señor intendente: creo que a medida que nos vamos reuniendo en las fiestas patronales en este recinto podemos ir haciendo un examen de cómo estábamos el año pasado y como estamos hoy. Me parece que es un buen momento para que todos digamos cuáles son nuestros pareceres en este sentido. Al contemplar de dónde venimos y hacia dónde vamos en todos estos años, y fundamentalmente a partir del año 2001, creo que hemos avanzado mucho. Si bien tenemos que seguir avanzando, debemos estar contentos. Podemos mirar a nuestros compatriotas a la cara porque nos hemos puestos de pie, podemos mirar a los trabajadores a la cara porque la condición de ellos en la Argentina era muy distinta en aquellos años 2001 y 2002 a la de hoy. También podemos mirar a muchos compatriotas porque en aquel 2001 superábamos los dos dígitos de desocupación y hoy estamos en el 7 por ciento. Es verdad que el 7 por ciento todavía no tiene trabajo y que debemos trabajar y seguir luchando para que haya pleno empleo en nuestro país, pero no nos olvidemos de aquellos dos dígitos de desocupación que laceraban a la sociedad argentina.
Quería expresar estas ideas para sentirme conforme de que he venido aquí este día nuevamente a esta fiesta de la Virgen. Podemos estar tranquilos como cristianos de que estamos haciendo mejorar a esta sociedad, de que cuando nos vayamos de aquí podremos decir que hemos dejado algo mejor. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Marchesi.

Sr. MARCHESI.- Señor presidente; señor intendente de Avellaneda, ingeniero Jorge Ferraresi; señor obispo de la diócesis de Avellaneda, monseñor Rubén Oscar Frassia; párroco de nuestra Catedral, Gustavo Ercolino; funcionarios todos, senador Ravale, secretario general de la CGT de Avellaneda-Lanús, todos los presentes: hoy es un día que nos convoca; los 15 agosto son un día de festejo para nosotros como ciudadanos de Avellaneda.
En este 15 de agosto María, como eje fundamental de este festejo, nos permite reunirnos en este ámbito y decir todo lo que podemos sentir y anhelar y todo lo que podemos haber pasado y lo que tratamos de construir. Esto no se circunscribe nada más que a una fiesta patronal. Yo creo que es una veneración a través del tiempo y el recuerdo que se transporta en la historia, una historia que está referida a nuestra Santa Patrona, Nuestra Señora de la Asunción.
Este festejo también debe servir como guía de recogimiento, de veneración, de reconocimiento, porque María a través de su obra resolvió como la perfección de la luz divina, porque fue una Madre que a través del Espíritu Santo y una concepción material llevó en su vientre una obra de amor y pureza. A través de este milagro, este hombre fue a redimir a la humanidad de sus pecados, entregando como prueba su cuerpo y su sangre para lograr nuestra salvación en este imperfecto que hoy representamos tanto los católicos, los judíos, los protestantes, los musulmanes, los islámicos y aquellos que profesan otra fe.
Tenemos que encontrarnos también con que este es el año donde se cumplieron los 2.010 años de nuestra era cristiana. Que justo da también dentro de un marco de un festejo general como país, como Nación en el bicentenario. Esta llegada ocurrió a través de Jesús, el hijo puro de María, a través de una concepción y una gran entrega de amor, ese amor divino, ese amor que la hizo ser la Madre de Dios. Este Dios fuente de toda razón y justicia en nuestras vidas.
El Papa Benedicto XVI en la Carta Encíclica Caritas In Veritate les habló a los obispos, a presbíteros, diáconos y a toda persona consagrada. Por supuesto que a todos nosotros, todos los hombres de buena voluntad que habitan sobre la faz de la Tierra.
Trabajar contribuyendo al desarrollo humano, decía el Papa, en la caridad y en la verdad, en esa verdad de la que Jesús se hizo testigo a través de su vida, su muerte y su resurrección. Todos los hombres nacemos preparados para amar a nuestra madre, nuestro padre, nuestros hijos, nuestros semejantes y de este amor debe nacer la caridad al prójimo.
Pero somos hombres y a veces olvidamos que este amor que puso Dios en nuestros corazones aun antes de nacer, es para tenerlo en la práctica diaria. Esta es la imagen de entrega y amor que representa hoy María, y nosotros debemos reflejarlo, sobre todos los que tenemos responsabilidades, que ocupamos un espacio, más allá de las banderías, ideologías, pensamientos. Tenemos obligaciones, y esta obligación es la de implementar desde cada uno de nuestros espacios políticas que nos permitan mejorar todos los días un poco más la calidad de nuestra gente.
No es solamente con discursos que lo podemos hacer sino que es con la acción, una acción que debemos acompañar como hombres comprometidos, como decía antes, más allá de nuestras creencias.
La sociedad se compone de todos, pero sobre todas las cosas de amor, porque si no hay amor no hay familia, y si no hay familia no hay sociedad. La familia cristiana marcó eso, esa es la imagen.
Hoy como hombres comprometidos con esto, con la fe y también con la acción política y social, debemos trabajar, como decía, para la dignidad de las personas. Y debemos transitar un camino que sin duda debe ser el camino común de todos, porque sin duda todos, que somos iguales ante los ojos de Cristo y los ojos de Dios, también debemos tratar de ser iguales con quienes menos tienen, y no a veces tomar distancias de nuestras propias responsabilidades. Tratemos de mostrarnos como verdaderos representantes de este pueblo, unidos por el bien común, pero no como un hecho casual.
Que nuestro encuentro sea a través del amor de María Madre, como decía antes: no hay familia ni hogar sin amor. Festejemos nuestras fiestas patronales como esto, un verdadero festejo marcado en el cumplimiento de la fiesta, pero festejemos sobre todo a María no como un solo hecho advocativo; festejemos a María en la dimensión de su amor. Dios te salve María. Muchas gracias. (Aplausos.)


MENSAJE DEL SEÑOR OBISPO DE AVELLANEDA-LANÚS

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito al obispo de la diócesis de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, a que nos dirija su mensaje.

Sr. OBISPO DE AVELLANEDA-LANÚS.- Es motivo de alegría que como obispo de esta querida Diócesis yo pueda dirigirme nuevamente ustedes, estimados miembros del Honorable Concejo Deliberante, ante el señor intendente, ingeniero Jorge Ferraresi; ante el presidente de este Concejo, don Armando Bertolotto, y por vuestro intermedio a toda la comunidad de Avellaneda, en ocasión de la celebración de la fiesta de nuestra Señora de la Asunción, Patrona de la Diócesis y del partido de Avellaneda.
Exactamente en este día comenzamos el año jubilar diocesano al conmemorarse el 50 aniversario de la creación de la Diócesis, ayer Avellaneda, hoy Avellaneda-Lanús. En este marco hemos comenzado en este año el inicio del Bicentenario de nuestra querida Nación. Muchos motivos para celebrar, agradecer, continuar y perfeccionar la marcha y la conducción del bien común de todos nuestros ciudadanos y de aquellos que habitan el suelo de nuestra patria.
El motivo que hoy nos reúne es la celebración de la Virgen en su Asunción. Ella ha sido concebida en atención a su maternidad divina sin pecado original. Por lo tanto, celebramos la victoria de Dios en ella sobre el pecado y la muerte. Esta prerrogativa, sin quitarle mérito a su respuesta y a su fidelidad, recibe la gracia de ser asumida al cielo en cuerpo y alma. Tenemos una poderosa intercesora que afirma nuestra esperanza en que donde está la Madre estaremos también nosotros, sus hijos.
Quiero aprovechar esta significativa ocasión para acercar algunas reflexiones que considero, a mi entender, de importancia.
Hemos llegado hasta aquí. Hemos recibido un enorme patrimonio con luces y sombras, con aciertos y errores, pero tenemos el desafío y la responsabilidad de vivir responsablemente todo el accionar de la cosa pública. Hemos llegado; y ahora, ¿cómo seguimos?
Cada generación tiene la tarea de comprometerse desde el principio en la ardua búsqueda de cómo ordenar rectamente las realidades humanas, esforzándose por comprender el uso correcto de la libertad, de la verdad y de la justicia.
El deber de reforzar las estructuras de libertad es fundamental, pero nunca resulta suficiente: las aspiraciones humanas se elevan más allá de las personas mismas, más allá de lo que cualquier autoridad política o económica puede ofrecer, hacia la esperanza luminosa, que tiene su origen más allá de nosotros mismos y sin embargo se manifiesta en nuestro interior como verdad, belleza y bondad.
La libertad buscó un objetivo y por eso exige una convicción. La verdadera libertad presupone la búsqueda de la verdad del verdadero bien y por lo tanto encuentra su realización precisamente en conocer y hacer lo que es recto y justo. En otras palabras, la verdad es la norma-guía para la libertad y la bondad es su perfección.
Aristóteles definió el bien como “aquello a lo que tienden todas las cosas” y llegó a sugerir que “aunque sea digno conseguir el fin, incluso solo para un hombre, sin embargo, es más bello y más divino conseguirlo para una Nación o para una Polis”.
La alta responsabilidad de mantener despierta la sensibilidad ante la verdad y el bien recae sobre cualquiera que desempeñe el papel de guía en el campo religioso, político o cultural, cada uno según su modo propio. Juntos debemos comprometernos en la lucha de la libertad y en la búsqueda de la verdad: ambas van juntas, mano a mano, o juntas perecen miserablemente.
Para los cristianos la verdad tiene un nombre: Dios. Y el bien tiene un rostro: Jesucristo. Es necesario plasmar la herencia espiritual y cultural de nuestro país.
Estamos en el inicio del bicentenario de nuestra Nación. Para subsistir en el presente y permanecer en el futuro será necesario profundizar en el rico patrimonio de valores espirituales y culturales que se expresan los unos a través de los otros, dando forma a la identidad de nuestra Nación.
Es por lo tanto necesario la fidelidad a la verdad que es la única garantía de la libertad y del desarrollo humano integral. La atención a la verdad universal no debería ser eclipsada por intereses particulares, por muy importantes que sean, porque ello conduciría únicamente a nuevos casos de fragmentación social o discriminación que precisamente esos grupos de interés o de presión declaran que quieren superar.
En efecto, la búsqueda de la verdad, lejos de amenazar la tolerancia de las diferencias o el pluralismo cultural, hace posible el consenso y permite al debate público mantenerse lógico, honrado y responsable, asegurando la unidad que las vagas nociones de integración sencillamente no son capaces de realizar.
La visión de fe, lejos de quedar reducida a una mera satisfacción subjetiva, pone de manifiesto que la razón no termina con lo que el ojo ve: más aún, es atraída por lo que está más allá, lo que nosotros profundamente anhelamos: el Espíritu.
Recientemente, por lo que ha sucedido en el Senado de la Nación, a mi entender, hemos perdido todos ante un debate, que por pujas de poderes y de fuerzas se ha instalado un tema minoritario y se lo ha ubicado al rango de una inequitativa equiparación: el llamado matrimonio homosexual.
Los derechos y los recursos legales se hubiesen podido salvar por otras vías y esta afirmación no implica juicio negativo alguno sobre ninguna opción personal y de conciencia.
Pero si queremos ser claros será necesario que el derecho positivo esté en relación con el derecho natural. Dice el Papa Benedicto XVI “que la promoción de la verdad moral en la vida pública requiere un esfuerzo constante para fundamentar la ley positiva sobre los principios éticos de la ley natural. Referirse a ella fue considerado en el pasado algo evidente, pero la onda del positivismo en la doctrina jurídica contemporánea, exige una reafirmación de este axioma importante. Los individuos, las comunidades y los Estados sin la guía de verdades morales objetivas, serían egoístas y sin escrúpulos, y el mundo sería un lugar peligroso para vivir”.
Pienso, queridos hermanos, que todos debemos colaborar y trabajar juntos por la cosa pública. El hombre está llamado a la comunión, y no debe aislarse en la búsqueda del bienestar individual. Dios debe tener un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y en particular política. El hombre se valoriza no aislándose sino poniéndose en relación con los otros y con Dios.
En primer lugar todos debemos trabajar mancomunadamente por promover el desarrollo integral del hombre, que no se agota en sus actividades de asistencia o educación de modo parcial sino que su capacidad se debe manifestar en la promoción del hombre y la fraternidad universal.
Y en segundo lugar el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones: material, intelectual, espiritual y social.
El problema principal seguirá siendo la visión ética, y la cuestión tiene que ser afrontada en el marco de un gran esfuerzo educativo con el fin de promover un cambio efectivo de la mentalidad y del comportamiento cívico, social y familiar y establecer así nuevos modelos de vida frente al relativismo, que quita valía a la verdad de la objetividad, frente al individualismo, que concentra sus fuerzas en el interés particular, ignorando las realidades de los otros, y frente al cinismo, que pretende negar la grandeza de nuestra búsqueda de la verdad.
Nosotros, todos, a los que se nos ha confiado una responsabilidad de la representatividad, debemos recobrar la confianza en la nobleza y en la grandeza del espíritu humano por su capacidad de alcanzar la verdad y de trabajar siempre por el bien común, afirmando nuestras identidades y respetándonos en nuestras diferencias, ya que éstas enriquecen, fortalecen y no debilitan el accionar por el bien común.
Dios y la patria se lo merecen, en este momento histórico para nosotros y para nuestras generaciones futuras y por todos los habitantes que viven en nuestro suelo argentino debemos dar señales nuevas de fortalecimiento, de madurez y de responsabilidad.
Que la Virgen en este día nos ayude a vivir sin miedos, sabiendo que también nosotros hemos sido invitados a la vida, ejerciendo responsablemente lo mejor de ella: la convicción y el compromiso.
Dios los bendiga. (Aplausos prolongados.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Agradezco nuevamente la presencia del señor obispo de Avellaneda- Lanús.
Habiéndose cumplido el objeto de la convocatoria, queda levantada la sesión.

- Es la hora 11 y 20.