lunes, 14 de diciembre de 2009

Sesión Especial (23-10-09)

- En la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, a los veintitrés días del mes de octubre de 2009, a la hora 13 y 18:


CONVOCATORIA

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Con la presencia de los concejales que componen los distintos bloques políticos de este cuerpo damos comienzo a la sesión especial convocada para el día de la fecha a los fines de declarar ciudadano ilustre de la ciudad de Avellaneda al compañero y amigo don Horacio Ramos. (Aplausos.)
En nombre del Honorable Concejo Deliberante agradecemos la presencia de su señora esposa, Sara Forzano y familia; del ciudadano ilustre y ex concejal de este cuerpo en el año 1958, don Jesús Mira; del diputado nacional Ricardo Cuccovillo; del diputado provincial y secretario del Sindicato de Trabajadores Municipales, compañero Rubén García; del diputado provincial mandato cumplido, ex vicepresidente del Partido Justicialista y en algún momento presidente en ejercicio, compañero Héctor Alice; del director de Cultura y Educación, profesor Hugo Caruso; del concejal mandato cumplido Hernán Fernández y Mayán; del concejal mandato cumplido Fernando Landaburu; de Gerardo Codina, de la revista Tesis 11; de Mario Zumbo, del Movimiento Cooperativo; del juez Alejandro Dimas; del artista plástico José Satti; del doctor Gabriel Gallego; del artista y escritor Antonio González; del profesor Aldo Martínez; de Leonardo Urrejola, compañero del Movimiento Libres del Sur; del doctor Daniel Bosters; del doctor Edmundo Filbak; del doctor Carlos Weintraub, del Centro de Abogados de Avellaneda; del compañero Carro, del Sindicato de Trabajadores Municipales; los compañeros de APyME; Hombres y Mujeres de la Cultura de Avellaneda; del Movimiento Cooperativo de Avellaneda y de numerosas instituciones.
Por Secretaría se dará lectura de las adhesiones recibidas a la declaración de ciudadano ilustre de don Horacio Ramos.

Sra. SECRETARIA (Luna).- Se han recibido adhesiones de las siguientes instituciones y autoridades: señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi; presidente de la Comisión de Asociados de Avellaneda del Banco Credicoop, don Diego Volman; delegada municipal, arquitecta Teresa Demichino; Centro de Abogados y Procuradores de Avellaneda, doctor Carlos Weintraub; Reunión de Escritores Independientes de Avellaneda, su presidenta, la señora Azucena Bestel, y su secretaria, Mercedes Pereyra; Consejo Editorial de la Asociación Civil, Cultural y Biblioteca Popular Tesis 11, señor Gerardo Codina; Asociación Gente de Arte de Avellaneda, su presidente, señor Antonio González; Norberto Galaso, escritor y ensayista; director del colegio del Club Atlético Independiente, profesor Mariano Fain; Juan Manuel Casella, presidente de la Unión Cívica Radical; Moshé Rozen, del Partido Socialista, Movimiento por los Derechos Civiles, Israel; Grupo Entre Mujeres y la Comisión de la Asociación Banco Credicoop, sucursal Piñeyro.

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- También agradecemos la presencia del compañero Daniel Aversa.
Por Secretaría se dará lectura del decreto de convocatoria.

Sra. SECRETARIA (Luna).- Dice así:

- Se lee.

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- En consideración.
Tiene la palabra el señor concejal Doval.

Sr. DOVAL.- Señor presidente: voy a tratar de ser breve. Creo que el proyecto habla por sí mismo de toda una trayectoria. Me gustaría detenerme en dos o tres puntos nada más. En primer lugar, cuando algunos concejales tuvimos la inquietud de que era necesario reconocer la trayectoria de Horacio Ramos, fuimos muchos los que creímos eso. O sea no se puede hablar de un proyecto que no haya tenido el acompañamiento en su origen de casi todos los bloques de este Honorable Concejo. Incluso de concejales que hoy no están. Yo lo veía al compañero Hernán Fernández y Mayán que también ha sido en su gestión como concejal uno de los impulsores de este proyecto.
En segundo lugar, en mi condición de trabajador municipal no puedo dejar de reconocer el aporte de Horacio Ramos a los trabajadores municipales, tanto como biógrafo de quien fuera el más grande de los dirigentes que tuvimos los trabajadores municipales, que fue el compañero “Cholo” García, como por su solidaridad y colaboración con todos los trabajadores municipales, en especial con las organizaciones gremiales de los trabajadores municipales.
En tercer lugar me gustaría afirmar la necesidad de este reconocimiento primero en el compromiso del escritor Horacio Ramos con la ciudad de Avellaneda. Creo que es uno de los puntos sobresalientes, que cuando uno lee la obra de Horacio queda fuera de discusión, y es una de las primeras cosas que se distinguen de su obra: el amor, el cariño y el compromiso con su ciudad, que es la nuestra.
También debemos destacar su coherencia ideológica. Creo que los argentinos y los avellanedenses en este caso tenemos que reconocer esa coherencia y tomar estos casos como un ejemplo.
Para finalizar quiero manifestar que es necesario este reconocimiento por una cuestión ética que tiene que ver con la persona, con el ciudadano, con el militante. Siempre que se habla de ética pienso en que hay tantas formas de abordarla... Pero siempre me he quedado con una frase, y creo que éste es el caso, porque pienso que Horacio tiene y abarca en sí un concepto de ética kantiana: obra tal cual quisieras que tu acción se convierta en ley universal. Repito: obra tal cual quisieras que tu acción se convierta en ley universal. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Degli Innocenti.

Sr. DEGLI INNOCENTI.- Señor presidente, señores vecinos, hermano Horacio Ramos, y digo “hermano” porque fue la síntesis que él logró desde hace muchos años para poder encontrarnos en estos caminos de la vida desde esa sociedad de fomento de San Martín 1710, en esos saludos, esas participaciones que nos hacíamos cuando nos encontrábamos, alejado ya a lo mejor de algunas coincidencias culturales de una vida en común desde una sociedad de fomento de Crucesita Oeste, Quinta Galli Oeste, cuando para todos nosotros era Crucesita, la histórica Crucesita. Nos conocíamos por una historia común en un barrio, por un amor a una ciudad. Ese hermano sintetizaba al camarada y al compañero, porque en definitiva hoy todos nos llamamos “compañeros”, pero no todos lo fuimos. En algunos momentos nos denominamos distinto, como fue la historia de la lucha de este país.
Hoy recordábamos con Horacio que esa sociedad de fomento acunó en su seno a una importantísima cantidad de gente, de vecinos; quería trascender un barrio que no tenía todas las necesidades insatisfechas. Después de muchos años de lucha fue uno de los barrios privilegiados de esos inmigrantes tanos, gallegos o polacos que rodearon la zona. Uno fue creciendo y viendo a los mayores, y en esto le pido disculpas, son muy pocos años, a esta altura de la vida y de la historia de Avellaneda nuestros años de diferencia no son tantos, pero uno fue viendo a estos muchachos que empezaron a pensar la ciudad no solamente desde el punto de vista de cómo se arreglaba el bache o cómo se solucionaba el problema de colocar la luz, sino como modo de integrarse y formarse política y culturalmente. Era la transformación de una ciudad proletaria, obrera, trabajadora hacia una nueva y mejor forma de instrumentarse.
Recuerdo también la revista “Suburbio”, que pese a nuestras diferencias que hay que reconocerlas, porque las diferencias en definitiva nos permitieron encontrarnos con el transcurso de los años y terminar coincidiendo en esta etapa histórica tanto la presidenta de la Nación en muchas de las cosas que estamos pensando de lo que creíamos que debía ser la Argentina y está empezando a hacer; falta mucho, el camino es largo...
No quisiera abundar mucho más. Me parece importante que después escuchemos a Horacio, que también ha pintado una ciudad y ha comprendido la entraña del sentimiento que puede tener el que nació, se crió, vivió, adoptó esta tierra para vivir con responsabilidad. Nosotros, como representantes de los vecinos, venimos a trasladar este hecho, nada más, porque en todo caso lo denominamos “ciudadano ilustre”, pero en realidad la figura debería ser “vecino ilustre”, porque hay vecinos destacados, vecinos que han tenido otras distinciones, e incluso ciudadanos, que en realidad más que ciudadanos somos vecinos de una ciudad que sigue siendo una aldea para quienes nacimos, nos criamos y seguimos viviendo en ella, donde la mayoría nos conocemos.
Hoy hablaban de Hernán Fernández y Mayán; de Antonio González, otra parte importante de esta etapa y esta historia; tantos amigos y compañeros que podemos encontrar. Don Jesús Mira es otro ejemplo: hoy hablábamos del Concejo Deliberante de los años en los que le tocó ser concejal hasta que la proscripción, que cayó sobre dos partidos políticos el peronismo y el Partido Comunista , impidió que continuaran las sesiones.
La vida en definitiva nos fue uniendo; la vida nos tiene a todos en común. Yo creo que todos los procesos históricos confluyen en la felicidad de un pueblo, sea de la manera que cada uno lo entienda, pero en definitiva con el mismo objetivo: que los pueblos sean cada vez menos sojuzgados y que encuentren su felicidad y su desarrollo, y esto solamente se logra a través de la educación, la cultura y la dignidad del trabajo. En esas tres cuestiones Horacio Ramos sembró semilla, y acá quien siembra semilla recoge lo que ha sembrado.
Horacio: esto es simplemente un reconocimiento a lo que vos y tu familia han sembrado durante todos estos años. No te extrañe que tanta gente reconozca tu trabajo porque es lo que vos sembraste. Simplemente ése es el mérito y éste es el reconocimiento que quisimos hacer a un gran vecino, a un gran compañero y a un gran hermano. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Alessi.

Sr. ALESSI.- Señor presidente: en primer lugar quiero adherir en nombre de mi bloque a este reconocimiento. Yo escuchaba con atención a los concejales que habían hablado y se notaba que independientemente de la fuerza política a la que cada uno de nosotros podía representar hay hombres de la ciudad que sintetizan un poco lo que todos deseamos para Avellaneda. Esto nos une y eso es importante, y creo que hombres como Horacio Ramos nos permiten justamente tenerlos como ejemplo y como guía para el camino que tengamos que emprender en el futuro.
No quiero extenderme demasiado en las palabras porque sé que hay otros compañeros concejales que también quieren rendirle su homenaje, pero creo que todo lo que se dijo, así como la lectura de lo que fue su trayectoria, ni siquiera puede llegar a sintetizar todo lo que él representa y ha representado para nuestra ciudad.
De todos modos, simplemente y como para finalizar quiero decir que Horacio, como todo artista de ley, surge de su tierra, de su barrio, de su pueblo y de la historia local para alcanzar dimensiones que se extienden y aportan a la Nación toda. Gracias, Horacio Ramos, por todo lo que nos diste a los avellanedenses. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal López Martínez.

Sr. LÓPEZ MARTÍNEZ.- Señor presidente: es difícil poder decir algo después de todo lo que se ha escuchado hasta acá. Pero quiero empezar diciendo algo que manifestó el concejal Degli Innocenti al final de su intervención: que lo que Horacio sembró, lo recoge en su vida. Y me quiero permitir la licencia de no hablar de lo que yo pienso y siento frente a esto sino de lo que me han dado y escrito amigos y vecinos de Horacio, de su barrio, de sus alrededores.
Voy a empezar por unos vecinos de la avenida Mitre no quieren que los nombre porque tenían vergüenza de que se los mencionara que escribieron lo siguiente: Horacio no es un ciudadano ilustre, no sabemos por qué así lo van a nombrar. Horacio es un gran vecino, solidario, charlatán, comprensivo, siempre con la palabra justa en el momento indicado. Es un vecino sabio que nos explica y nos desasna, que nos incentiva y complica la existencia. Es un vecino que escucha y habla, y cómo habla. Para nosotros no es un vecino ilustre, es simplemente el vecino que todos deberíamos ser y es el vecino que todos queremos tener como amigo. Si todo esto significa ser vecino ilustre, bienvenido el título, pero para nosotros va a seguir siendo siempre Horacio, el vecino de acá a la vuelta. Gracias, Horacio, y que no se te suba el título a la cabeza. Los vecinos de la avenida Mitre. (Aplausos.)
Seguidamente leeré algo que ha escrito una familia vecina de la misma cuadra que recoge un poco lo de muchos otros vecinos porque ahí se juntan a charlar los jóvenes como Horacio. Dice así: Horacio Ramos, hoy honramos a un hombre por ser tesonero, por su trabajo, por su capacidad de acción. ¿Quién no leyó alguno de sus libros? ¿Quién no se estremeció al leerlos? En ellos canta a su tierra, a sus padres, a su familia, a sus amigos, a los lugares más significativos de esta gloriosa Avellaneda. Los recuerdos de niño son plasmados por él con el afecto que brota de su ser más íntimo, con la tibieza a su ser más sensible y noble. ¿Quién no reconoce en él al padre que queremos conservar, al hermano que deseamos tener, al compinche, al abuelo que cuenta aventuras, al amigo cómplice? Por eso estas apreciaciones están sintetizadas en un nombre, Horacio Ramos, y por eso, Horacio, hoy tu barrio se pone de pie para brindarte el afecto del que sos merecedor. Te valoramos mucho, te queremos, felicitaciones. Familia Bavosa Benigni. (Aplausos.)
Una amiga en común, Dolly Álvarez, escribió lo siguiente: me senté a escribir unas líneas sobre Horacio y no pude hilvanar lugares comunes, esos que figuran en todas las notas que escribimos sobre la gente que conocemos. Con Horacio es distinto, debe ser distinto. Ramos es un militante de la cultura y por lo tanto de la vida, y es la cultura de Avellaneda y es nuestra vida. A Horacio se lo quiere, luego se lo lee, se produce el encuentro a través del amor por las ideas, pero también por sus palabras, mágicamente torneadas, esculpidas para expresar sus ideas. Es el poeta, el lúcido crítico de la realidad nacional, el luchador inclaudicable por la cultura, es el ser humano tierno y firme a la vez, es la encarnación del “humanauta” que tan bien definió Antonio González. Bienaventurados quienes desafían el orden establecido más allá de la piel áspera de lo posible porque de ellos será el país de la imaginación. Un abrazo, Horacio, dice Dolly Álvarez. (Aplausos.)
Hace un rato conversamos con Horacio y hablábamos ¬no voy a adelantar lo que él va a decir, porque tampoco lo sé de los sentimientos, y Horacio expresaba que hoy por acá deben estar volando algunos sentimientos que él quisiera que estén presentes, como Eliseo Morales o Héctor, su hermano. Me parece bueno nombrarlos porque es lo que Horacio está sintiendo en su corazón en este momento.
También está acá –físicamente escondido- tu amigo, tu compañero. Antes hablando con tus hijas dijimos que siempre parecieron Batman y Robin. Lo que no sabemos es quién es quién, pero por allí anda escondido Antonio González, tu amigo inseparable. (Aplausos.)
Una vez por semana tengo el honor de pisar el suelo, la tierra del fondo de donde nació y se crió Horacio Ramos, porque hoy viven allí mis cuñados, pero la verdad es que las cuestiones no se aprenden por ósmosis, porque aunque le doy al piso nunca puedo llegar ni al tobillo de Horacio. (Risas.)
Referente a la casa de Horacio y lo que hablábamos hoy, una persona no se forja por sí sola, tiene mucho que ver cómo se ha criado, el entorno, la familia, los padres. Creo que de ahí debe haber aprendido eso de ser tozudo y cabezón, como todos los gallegos. Pero sobre todo lo que está volando, lo que lo contiene y lo que hace que Horacio sea como es es el afecto, el cariño de sus hijas, sus nietos y nietas y en especial de esa gran mujer que es Sarita, que él siempre reconoce. Seguramente no sólo te ha bancado sino que también te ha aguantado mucho. (Risas.)
Me parece que hay que reconocer a una persona que ha sido tesonera, luchadora y que puede expresar lo que expresa Horacio, y que la gente pueda expresar de Horacio lo que expresa no es solamente por él sino por su entorno, que lo ha forjado así como es y como lo conocemos.
Aquí se dijeron muchas cosas, por lo no me parece conveniente reiterarlas. Además, conocemos a Horacio y sabemos que nos va a tener un rato escuchándolo. Por eso me parecía que lo que había que valorar eran estas cosas que sienten sus amigos y vecinos, reconocer sus afectos.
Los títulos de sus obras lo dicen todo: Poemas del amor militante; Esta ciudad que amo; Serenata al sur del Riachuelo; Canto al Sur; La memoria en la sangre. Todos esos títulos significan mucho y tienen que ver con lo que él siente, con lo que él piensa, con lo que él militó, con ese país que él sueña y que muchos soñamos.
En su último libro, La sal de mi tierra, que hizo en conjunto la música con otro artista y músico de nuestra ciudad, Esteban Tozzi, también expresa la historia, el nacimiento y el crecimiento de nuestro país, que es un poco lo que mencionábamos antes sobre los afectos o cómo se fue conteniendo este pueblo del que somos parte.
Quiero terminar parafraseando –no la voy a repetir la frase de Kant con la que concluyó su exposición el concejal Doval. Creo que eso representa mucho la personalidad de Horacio Ramos, y también lo que le han dicho los vecinos de la avenida Mitre, que Horacio es el vecino que todos deberíamos ser yo agregaría el ciudadano que todos deberíamos ser y el vecino amigo que todos queremos tener. Gracias, Horacio, por tu vida. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Silva.

Sr. SILVA.- Señor presidente: para homenajear a hombre de las características de Horacio Ramos tendríamos que hablar mucho para lograr representar su figura, pero si uno antes que las palabras empieza a observar este recinto se va a dar cuenta de que es la síntesis exacta de lo que es Horacio Ramos. Hoy en este recinto están sus vecinos, sus amigos, instituciones, compañeros y vecinos de Avellaneda para homenajearlo.
En lo personal me tocó vivir algo con él a partir de un libro que sintetizó la historia de hombre que para nosotros tuvo mucho valor: Antonio Cholo García. Cuando escribió ese libro, Antonio “Cholo” García, un dirigente que siempre dio la cara, estaba diciéndonos exactamente lo que nosotros éramos incapaces de decir porque en ese momento el dolor era muy fuerte, hacía muy poco que se había ido el “Cholo”. Se escribe este libro sintetizando lo que los trabajadores municipales sentíamos. Y hemos ido y lo hemos acompañado a la feria del libro a hacer la presentación de este libro, con absoluto orgullo porque teníamos la herramienta que necesitamos para trascender en el tiempo. Y él lo hizo con ese talento que lo caracteriza, con ese talento que tiene que ver con la pluma, con lo periodístico, ese talento que tiene que ver también con su militancia. Y es un hombre que tiene talento por donde se lo mire.
Estamos homenajeando a un hombre que al margen de esos talentos, alguien dijo alguna vez una frase: “La simpleza es lo que hace grande a los hombres”, y creo que la simpleza, la humildad y la hombría de bien de Horacio Ramos no hacen más que agradecer que nos haya encima brindado todo ese talento que desparramó por el mundo. Gracias Horacio. (Aplausos.)


Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal García.

Sr. GARCÍA.- Señor presidente: yo no quería dejar pasar esta oportunidad. Realmente después de las palabras de los señores concejales creo que Hernán destacó en nombre de los trabajadores municipales el agradecimiento de su aporte, lo mismo que acaba de decir el concejal Silva.
Pero yo me tomé este atrevimiento para agradecerle en forma personal y familiar. Está mi hermano presente aquí. Creo que nos ha dado a la familia García con su libro una gratitud enorme que voy a estar agradecido por siempre. Le quiero decir que me siento orgulloso de pertenecer y formar parte de esta distinción, aunque sea desde un granito de arena, y justamente en este recinto que se llama Antonio “Cholo” García no quería dejar de decirle las gracias y tomarme el atrevimiento de hacer este agradecimiento familiar.
Gracias Horacio por todo. (Aplausos.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Se va a votar el proyecto de declaración de visitante ilustre.


- Se aprueba en general y en particular.


Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Se ha aprobado por unanimidad. (Aplausos.)
Queda sancionado el proyecto de declaración.
Se harán las comunicaciones pertinentes.
Vamos a invitar a Horacio Ramos a compartir este estrado a efectos de que dirija unas palabras al cuerpo.


Sr. RAMOS.- Señor presidente, señores concejales, público presente: en primer término quiero agradecer al Honorable Concejo Deliberante esta distinción que mucho me honra. Y honra a mis ancestros, honra a mi familia, a mis hijas, a mi mujer y por supuesto, como se mencionó hoy, a los cuatro locos no tan bajitos que están hoy aquí.
Después de escuchar las palabras de cada uno de los señores concejales, como comprenderán no es fácil empezar a elaborar algunas cuestiones, por suerte las traje escritas.
Les confieso que hoy siento la necesidad de convocar a los vientos de la memoria, para que señalen los hitos fundamentales de este extenso camino que me permitieron llegar hasta aquí. Y digo “la memoria” porque es la mejor herramienta para combatir el olvido, esa forma ciega que adopta la locura.
Por el contrario, la memoria es la vida, y si la exploramos bien, notaremos que está embarazada de esperanza. Nadie mejor que Eduardo Galeano para expresarlo: “La memoria viva no nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser punto de partida, no de llegada.
“Ella no reniega de la nostalgia, pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar. Y no se equivocaron.”
Yo soy de Crucesita, como recordó Jorge hace un rato. Cuando llegué a este mundo, en un hogar de trabajadores protegido por la Adela y el José, mis viejos, el barrio se había ido configurando con un diseño desparejo, donde el aluvión de familias de inmigrantes fue integrándose con sus racimos de hijos, y edificó, ladrillo por ladrillo, un refugio seguro, con patios perfumados con madreselvas y malvones.
El barrio es la identidad que se forja y nos contiene, de a cachitos, desde el arrullo de la vieja hasta el tango canturreado en la ochava más querendona.
En este barrio crecí. Y enfrente de mi casa, que mis abuelos construyeron en 1910, en el centenario, y sigue habitada ahí por parte de mi familia, está la Sociedad de Fomento y Cooperación Vecinal. Allí comencé a construir mi identidad político-cultural.
Los primeros libros que aún recuerdo, el primero que tomé en mi mano: Aurora Roja, del escritor vasco Pío Baroja; La Madre, de Máximo Gorki; y por recomendación de mi hermano Héctor, que siento que anda dando vueltas por aquí el flaco, un libro de nuestro Aníbal Ponce, Ambición y angustia de los adolescentes.
Pero además había un escenario, y por él caminaba el actor del barrio, Ramón Díaz, padre del poeta y periodista Roberto Díaz, que supo inculcarme una rigurosidad artística que jamás me abandonó.
Y también estaba Ángel Cairo, compañero inolvidable de quien recibí los primeros palotes de una concepción del mundo y un estilo de vida, que el paso de los años, la experiencia personal, así como la exploración teórica y el pensamiento crítico junto a tantos compañeros, me permiten habitar hoy un espacio nacional, popular, democrático.
Desde allí sigo insistiendo en la búsqueda de un horizonte más lúcido y transparente para nuestro pueblo, donde la libertad, la democracia, la justicia social y los derechos humanos sean rasgos definitivos en el paisaje de la Argentina contemporánea. Pero en este templo vecinal, una noche de los carnavales del 50 la campana del amor comenzó a repiquetear llamándome al combate. Ahí estaba la piba de mis sueños con sus quince años, a la que yo amaba en silencio con tan solo dieciséis sobre mi espalda. De ahí en más, entre lluvias y soles comenzó un romance sin tregua que sigue honrando mi vida. Y aquí está ella hoy, emocionada desde hace días, rodeada de las hijas y de cuatro locos como ya dije no tan bajitos.
El arte y la literatura de repente permitieron la inclusión de otra faceta en mi actividad cotidiana, que ya se convirtió en un rasgo entrañable de mi espíritu militante: el periodismo de opinión.
Corría exactamente 1960 y un amigo me invitó a ser parte de un proyecto con aspiraciones. Estaba por aparecer la revista “Todos”, teniendo como secretario de redacción a Santiago Ferraris que en ese tiempo era secretario de redacción también del diario “La Razón” y como director a Bernardo Kordon, uno de los más notables cuentistas latinoamericanos y autor de novelas reveladoras sobre la situación en América del Sur. Bernardo me instó a escribir mi experiencia sobre el conflicto bancario de 1959, donde yo, muy joven, había sido un activo partícipe. El artículo, que salió en dos entregas, se llamó “La huelga larga”. Fueron sesenta y cinco días con los bancos de paro en nuestro país en contra de las recetas del Fondo Monetario. Tanto es así que inmediatamente Bernardo me dijo que había que escribir un dossier sobre un tema que entonces preocupaba: “Reportaje al Fondo Monetario Internacional”. Y me determinó cuatro entrevistas, en las que yo agregué alguna gente que me parecía adecuada. Uno de ellos fue un dilecto amigo, querido, Floreal Gorini, con el que había compartido el conflicto del 59 y que ya había comenzado a delinear lo que es hoy el movimiento cooperativo de crédito en el país. Otro fue Carlos Perette, diputado radical, que después fue vicepresidente de la Nación, con Arturo Illia; otro fue Rodolfo Puiggrós, que venía aquí, a Avellaneda, a quien le hicimos escribir un artículo para la revista “Cooperación”, de la sociedad de fomento, sobre el 25 de mayo de 1810. Después él, en 1973, fue rector de la Universidad de Buenos Aires. Y además me dijo “váyase al Luna Park a la asamblea de metalúrgicos y entreviste a alguien que ha comenzado a trabajar denodadamente en el gremio como delegado general de alguna de las fábricas más importantes”. Advierto que no había grabadores ni maquinitas como la que está usando allí Álvaro, mi nieto más chico, así que había que ir con papel y lápiz a conversar con Augusto Timoteo Vandor en la tribuna del Luna Park para redondear el reportaje al Fondo Monetario. Esto ocurría en 1960.
Esta primera labor periodística fue intensa en los 60. La experiencia duró casi dos años. Fue una década realmente apasionante, sumamente provechosa para mí por la envergadura de los responsables del proyecto.
El año 1969 es un punto de inflexión muy importante, porque creamos la revista “Suburbio” y el centro de Cultura Popular. En “Suburbio” descubrí, al decir de Tristán Tzara, que “la poesía es una manera de vivir”. Con Antonio González, Julio Bruno, Horacio Ortiz, compartiendo la dirección, y colaboradores como Roberto Díaz, Eugenio Mandrini y el chileno Roberto Rivera. Con el periodista Orlando Barone, muy conocido periodísticamente, tuve el gusto de hablar hace tres o cuatro días: me pidió un número de la revista “Suburbio”. Se trata de un viejo amigo que la primera vez que escribió en su vida, empujado por amigos del barrio de la Boca, lo hizo para un concurso de cuentos de “Suburbio” y lo ganó con un cuento que se llama Debajo del ombligo. Tengo el compromiso de llevarle en la semana la revista, sacándola de mi archivo, para que Orlando pueda tener el primer trabajo que dio a la luz. Advierto, por si ustedes lo ven por ahí, que tengo pruebas concretas de lo buena persona que es Orlando Barone y de los gestos de solidaridad que siempre ha tenido para conmigo en momentos bastante difíciles como fueron la pérdida de mi padre; con una actitud concreta y consciente venía a poner la mano sobre mi hombro casi cotidianamente antes de que el hecho ocurriera.
Con tantos amigos pude comprobar que viajar por el mundo de la imaginación y sumergirse en la jungla de lo desconocido para embarcarse en la búsqueda de la belleza a través de la poesía es donde ella, la poesía, tiene sus más cálidos resplandores, rescatar las vivencias que genera la sociedad que uno habita y ama, navegando en medio del asombro, exige del poeta devolverlas a través de símbolos artísticos a quien las genera, al dueño de ese patrimonio cultural, que es el pueblo en definitiva.
Además recuerdo, como rescate de mi actividad, las entrevistas que pude realizar en “Suburbio” a dos grandes de la literatura americana y del mundo: Mario Benedetti, en la vieja editorial Línea, después de escapar de Montevideo, una persona exquisita, solidaria y cálida, y a Eduardo Galeano, que había publicado La canción de nosotros mientras me hablaba y me decía que escribiera, que él seguía trabajando: estaba armando sus carpetas porque marchaba decididamente al exilio, a España específicamente. Estos dos hechos son momentos imborrables para mí, concretamente en la vida de “Suburbio”.
Pero me quiero detener también, si ustedes me permiten, en los ideales de la cooperación. ¿Por qué traigo esto a colación? Porque debo señalar que el sentido humanista que le supieron dar al cooperativismo hombres de la talla de Floreal Gorini a quien me he referido hace un ratito y Santiago Barberis, el continuador, junto al fiscal doctor Ricardo Molinas, de la huella de Lisandro de la Torre, que alimentaron con vivencias inéditas páginas de mi obra literaria y periodística.
Me regocija mucho que hoy esté presente Elsa, la esposa de Santiago Barberis, a quien yo recreé en un capítulo de La memoria en la sangre. Santiago Barberis fue un dirigente cooperativo latinoamericano.
Quiero señalar que con la amistad y el afecto de estos dos seres humanos entrañables descubrí también el sentido de la economía social y el proyecto, hoy actualizado, que se propone como uno de los rasgos a ser considerados, no sólo como un diagrama meramente económico, sino como parte de un proyecto colectivo de Nación. Porque estimo que su visión humanística trasciende al hecho comercial y plantea el respeto por la otredad, es decir, señala al otro como un hermano inmerso en la necesidad, y decide acercarse a él con la mano abierta y el gesto solidario, sin fisuras, piel a piel.
En el marco periodístico, el 1º de octubre de 1991 apareció en los kioscos de Buenos Aires la revista Tesis 11, un propósito periodístico de temas nacionales y de carácter internacional, hoy revista digital; además, con un catálogo editorial muy significativo. Nuestra casa en Junín 165, en Capital Federal, alberga una biblioteca importante frecuentada por investigadores políticos y sociales.
Los largos años de programas radiales –casi quince años-, donde desde la restauración democrática luchamos por una nueva ley de medios que supliera a la 22.285, de la dictadura, y que hoy con el esfuerzo de centenares de comunicadores y periodistas hemos podido por fin concretar con una nueva ley que posibilite que existan tres andariveles, uno privado, uno público y otro que pertenezca a las ONGs, los sindicatos, las cooperativas, etcétera.
Ya se habló hoy de Antonio “Cholo” García, un dirigente que siempre dio la cara, uno de los libros que me importaron muchísimo porque pude entrar con mi literatura a un amplio sector de los trabajadores. Recuerdo que el día de la presentación en el gimnasio de Racing se lanzaron dos mil ejemplares y tuve que andar firmando a lo loco.
El “Cholo” fue alguien que conocí en los potreros de Avellaneda. Él jugaba mucho tiempo con mi hermano, y con vos, mellizo. Porque él jugaba en serio a la pelota. Además Hugo Galli fue un denodado dirigente de la Comisión de los Pies Secos de Gerli que durante tantos lucharon para terminar con la inundación. El “Cholo” fue alguien que, como él lo bautizó, tenía una zurda loca y los potreros de Avellaneda se regocijaban viéndolo actuar. Pero para mí además como dirigente fue un hombre íntegro, fiel a los intereses de su clase, fiel a los intereses de los trabajadores municipales.
Por ese tiempo también hicimos Serenata al Sur del Riachuelo, con música de un joven y talentoso maestro de la ciudad, Esteban Tozzi, que veo allí parado. Con él acabamos de terminar La sal de mi tierra cantando y contando la historia de nuestra patria con candombes, milongas, murgas, etcétera. Es uno de los orgullos de nuestra ciudad, lo mismo que Claudio Abraham, que está allá sentado, el rector del Instituto de Artesanías y Folklore de nuestra ciudad, que compartió conmigo el Canto al Sur.
Para ir terminando tengo que reiterar mi reconocimiento a los miembros del Honorable Concejo Deliberante, representantes genuinos de los vecinos de Avellaneda, por esta distinción que me honra, insisto, y que junto con mi familia recibo con la emoción que todos ustedes sabrán comprender.
Estos cincuenta y dos kilómetros cuadrados que es la ciudad de Avellaneda, antigua Barracas al Sud, de empedrado y luna, hoy es la Avellaneda de asfalto y neón. Esto sacude el alma de cualquiera. Como hoy lo comentábamos en el despacho del señor presidente, no soy una persona sentimental. Eso lo dejo para los canallas de la historia, como Himmler, el jefe de la Gestapo nazi, que acariciaba a sus perritos dulcemente en las puertas del campo de concentración mientras se asesinaba a miles de seres humanos. Todos ustedes, que desde distintas ópticas pretenden modificar la realidad para que todos vivamos de la mejor manera, todos aquellos que se han convocado para compartir conmigo esta distinción, tenemos una categoría superior: somos gente sensible. Como bien decía Terencio, un comediógrafo latino, en una frase que a lo largo del tiempo, sobre todo en el siglo XIX, citaban los mayores pensadores de ese tiempo, en particular Carlos Marx, somos gente a la que nada de lo humano nos es ajeno, nada nos resbala, sentimos en carne propia el dolor del otro.
En segundo término debo confesar que toda esta historia que fue contada aquí, esta conformación ideológica, esta conformación político cultural, toda esta obra que lleva ya diez títulos, todos estos sueños que yo tengo la suerte de compartir con tantos amigos que a veces uno no sabe si merece, la búsqueda de un alba para todos en un momento de perspectiva histórica para nuestro país y para Sudamérica, jamás yo la hubiera podido realizar sin tener a mi lado la fuerza, la ternura y la insobornable integridad de la mujer de mi vida: Sarita Forzano. (Aplausos.)
Por último quiero decirles que siempre que pude puse alas a nuestras raíces para que volaran más allá de las fronteras. Así ocurrió. Cuando en 1999 fui a España a presentar mi libro La memoria en la sangre, yo tenía que ir a Cataluña, y mis amigos de la Confederación Intersindical Gallega me llamaron para decirme que inevitablemente tenía que ir a Vigo. ¿Por qué? El 7 de octubre en todas las grandes ciudades de Europa, en las iglesias, los sindicatos, las centrales sindicales, se hacía una vigilia porque al día siguiente, en Londres, se iba a condenar al dictador Augusto Pinochet. Los pueblos de Europa se iban a convocar en esos lugares para esperar la condena. Por eso desde Vigo me dijeron que tenía que ir a presentar el libro en el marco de esa vigilia en la sala de la Confederación Intersindical Gallega, y allá fuimos con Sara. Allí estaba alguien que tengo que rescatar mucho desde aquí precisamente. Estaba Miriam Sandoval, la cantante radicada allí desde hace catorce años, la cantante de “Serenata al Sur del Riachuelo”, porque es una muchacha nacida y criada en La Blanqueada, un barrio de Villa Domínico. Miriam estaba esperando ahí, el 2 de octubre de l999 en el andén. Para nosotros fue un sacudón. ¿Saben por qué? Porque parece que la vida se complotara en muchas cosas.
Ese día era el cumpleaños de mi padre, 2 de octubre. Mi padre hubiera cumplido cien años en Galicia, y era como si retornara la sangre al pueblo de mi padre.
Posteriormente, después de ensayos, la concreción de una banda con españoles, uruguayos y argentinos, y la dirección y la voz de Miriam, íbamos a hacer un recital con poemas y canciones de la Serenata.
Pero yo les decía que el público, con delegados sindicales, invitados latinoamericanos, etcétera, no iban a entender mucho algunas de las palabras no solamente de las canciones sino de los propios poemas.
Entonces, antes de comenzar me acerqué al proscenio, ya me habían presentado y les dije qué era Avellaneda, por qué Barracas al Sud, por qué, quién era Alberto Barseló, por qué el camino real del sud, hoy avenida Mitre, qué era la Mazorca, qué cosa era Dock Sud.
Por supuesto, dicho esto después se desarrolló un recital magnífico con el que quedamos muy contentos. Fue realmente un hecho muy importante, sobre todo para nosotros y sobre todo para Miriam que hacía tantos años que estaba ahí en Galicia, rescatar la ciudad donde ella había nacido.
Este poema abrió el acto allá en vivo, en Galicia. Con este poema voy a cerrar mi participación porque he querido en él resumir el cariño, los sueños, las alegrías, las penas, pero por sobre todo la proyección que esta ciudad, esta orilla sur del Riachuelo tiene para mí, aquí nací, aquí vivo, aquí encontré a mi amor, aquí nacieron mis hijas, mis nietos, me llené de amigos, como dije antes no sé si merezco, y si tengo suerte algún día, de cara al sol, caeré definitivamente en mi barrio de Crucecita.
Este poema se llama, y con esto va mi agradecimiento eterno a todos ustedes, empezando por el Honorable Concejo Deliberante, Esta Ciudad que Amo.
“Esta ciudad que amo tiene una larga historia de gritos y silencios. Antigua Barracas al Sud de los troperos, ¿dónde andarán Cuitiño y su Mazorca? Avellaneda gris de don Alberto. ¿Qué fue de la taba y la ‘mosqueta’, el gatillo rápido de Juan y la quiniela? ¿En qué playa sin noria desnudarán sus ‘facas’ los matambreros del Anglo? Tal vez aguarden que los polacos del Docke, amanezcan de pronto con su ¡Biba la Volga!
“Ya enmudeció en Masllorens su máquina, Enriqueta Figueiras, jubilando su risa y aquel lenguaje áspero conseguido a destajo, a la hora en que el alba desgarra el vientre de la noche, y millones de ángeles sin nombre, edifican la vida, ejercitan su oficio de modelar la historia.
“Así, a empujones, creciste ciudad, y yo contigo.
“¿Dónde estará, pregunto, el parral de la casa de mis viejos, a cuya sombra, un verano adolescente, el bueno de Ángel me enseñó a matear lento, con Federico y Pablo, Tuñón y Aníbal Ponce?
“¿Y la esquina, ciudad? Aquella en la que con el flaco Osvaldo, aprendimos a canjear alfiles por poemas, y discos de Pichuco y Atahualpa. La misma en que una tarde, con asombro, descubrí que el amor tenía ojos pardos, y un pájaro muy níveo dormitando en su pelo.
“Y aquí estamos hoy, ciudad, apuntalando sueños por tus calles, saboreándote muy hondo, para llevarte corazón adentro y dejarte allí, en la soledad tumultuosa de mi sangre, despierta, ciudad, despierta y para siempre.” (Aplausos prolongados, con los señores concejales y el público presente puestos de pie.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Vamos a proceder a hacer entrega del diploma de ciudadano ilustre, de la medalla, del decreto que leímos hoy, de este obsequio que es de un artista de Avellaneda, de nuestro Concejo Deliberante, e invito a los presidentes de bloque a firmar junto con nuestro ciudadano ilustre el Libro de Honor de nuestra ciudad.

- El señor presidente del Honorable Concejo Deliberante, don Armando Bertolotto, hace entrega de la medalla, el decreto y el obsequio a don Horacio Ramos y se procede a la firma del Libro de Honor. (Aplausos prolongados con los señores concejales, invitados especiales y público asistente puestos de pie.)

Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Agradezco a todos la presencia.
Habiéndose cumplido el objeto de la convocatoria, queda levantada la sesión especial.

- Es la hora 14 y 36.