viernes, 22 de marzo de 2013
Sesión Especial 15-8-12
- En la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, a los quince días del mes de agosto de 2012, a la hora 12 y 15:
CONVOCATORIA
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Con la presencia de los concejales de los diferentes bloques políticos que componen el cuerpo damos comienzo a esta sesión especial convocada a efectos de celebrar el día de la Virgen de la Asunción, patrona de nuestra ciudad de Avellaneda.
Agradezco muy especialmente la presencia de nuestro señor obispo de la Diócesis de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia; del señor intendente municipal, compañero Jorge Ferraresi; de Roberto Casero, presidente de la Comisión de Festejos Patronales; de Juan Quetlglas, vicepresidente de la misma comisión; de monseñor Bazán, vicario de la Diócesis; del padre Gustavo Ercolino, párroco de la Catedral de Avellaneda; de la doctora Mónica Litza, directora nacional del Registro de Reincidencia; del compañero Héctor Villagra, de la UOCRA; del prefecto Víctor Chessini, recientemente nombrado en Dock Sud.
Quiero destacar también la presencia del doctor Juan Carlos Aponiuk. Hace algo más de un mes se inauguró la Alcaidía de Avellaneda ya hay alojados allí detenidos , que es algo muy importante por la seguridad, para sacar los detenidos que están en proceso de las cárceles.
Asimismo agradezco la presencia de todos los secretarios del Departamento Ejecutivo, el compañero Parrilla, Fiorentino, mi amigo Lambezat, Mary Balbuena, el compañero Pablo Vera, Battafarano, concejal Jorge Degli Innocenti, Claudio Yacoy, amigo Caruso, Susana Gutt, Liliana Fernández; Tomás Dadic, vicejefe del ombusdman; don Néstor Santos, presidente del Círculo de Prensa Avellaneda-Lanús y miembro de ADEPA; Héctor Ciconi, de la Democracia Cristiana; Jorge Soriano, concejal mandato cumplido de nuestro de cuerpo; Humberto Borsani; doctor Maltese, de Legales; delegados, y en general de todos los asistentes a esta sesión.
Invito al cuerpo a entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino.
- Puestos de pie los señores concejales y el público asistente a las galerías entonan las estrofas del Himno Nacional Argentino. (Aplausos.)
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Por Secretaría se dará lectura del decreto de convocatoria.
Sra. SECRETARIA (Luna).- Dice así:
- Se lee.
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito al señor obispo de Avellaneda, monseñor Frassia, y a nuestro intendente municipal a compartir el estrado de la Presidencia.
- El señor obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, y el señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi, ocupan sus respectivos lugares en el estrado de la Presidencia.
MANIFESTACIONES
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito a los señores concejales a hacer uso de la palabra.
Tiene la palabra el señor concejal Marchesi.
Sr. MARCHESI.- Señor presidente: señor intendente de Avellaneda, ingeniero Jorge Ferraresi; señor obispo de la Diócesis de Avellaneda-Lanús, monseñor Oscar Rubén Frassia; señor presidente del Concejo Deliberante, don Armando Bertolotto; señor jefe de Gabinete, Hugo Barrueco; señor párroco de la Catedral de Avellaneda, Gustavo Ercolino; señor presidente de la Comisión de Festejos, profesor Roberto Casero; también el amigo vicepresidente Juan Quetlglas; autoridades presentes; señor jefe de la Alcaidía de Avellaneda, don Jorge Aponiuk; prefecto principal Víctor Chessini: seguramente todos los 15 de agosto los que tenemos el privilegio de poder hacer uso de la palabra en este recinto lo hacemos como un hecho recordatorio, pero realmente hoy es un día de fiesta para todos los que habitamos nuestra ciudad de Avellaneda, y lo debemos interpretar de esta manera, porque hoy festejamos a nuestra Madre María, nuestra Santa Patrona.
Realmente es un festejo, porque como hijos así lo sentimos, así la veneramos y la reconocemos, porque Ella representa la perfección divina de ser la Madre a través del Espíritu Santo como única obra de amor y pureza.
Tal vez la imperfección de nuestras vidas a veces hasta nos haga dudar de que este milagro hecho hombre fue el que a través de su total entrega vino a liberarnos de nuestras culpas y pecados. Y es esta propia imperfección la que no nos deja ver que el hijo de María no es sólo la imagen de un hijo y una madre, y un hijo clavado en una cruz; pero es más, no nos deja interpretar el mensaje que ello encarna. Seguimos atados al hombre antiguo, no hemos dejado de lado la barbarie que llevamos como naturaleza humana y nos permite entender que estamos en este mundo para hacer todos los días algo que mejore la vida de nuestros semejantes.
Debemos comprometernos con amor, valentía y generosidad. No permitamos que nuestros propios intereses se antepongan, banalizando nuestros actos. Debemos entender que la solidaridad es también un acto de aplicación universal; debemos dejar de pensar que somos el centro de todo; debemos ser responsables con quienes nos eligieron y también con los que no piensan igual a nosotros. Somos titulares de un derecho, pero este derecho sólo fue delegado por la gente.
Aboquemos nuestro esfuerzo a proyectar el bien común. Hoy es un día de festejo pero también de recogimiento, y ese propio recogimiento no nos debe hacer mirar hacia fuera. Debemos mirarnos hacia adentro, y para muchos de los que estamos en este recinto y los que no están presentes pero también tienen responsabilidades, ya sean católicos, judíos, protestantes, islámicos, agnósticos, tengan o no creencias, pero que realmente estén ocupando lugares de decisión, no debemos dejar que este hecho de entrega de amor y dolor de María y su hijo, quien entregó su cuerpo y su sangre para nuestra salvación, termine sólo en un hecho simbólico.
Benedicto XVI pone de manifiesto en su carta encíclica Caritas in Veritate que sobre todas las cosas debemos potenciar la fe para que no sólo la Iglesia sino todos los hombres estemos al servicio de Dios. Y estar al servicio de Dios es estar al servicio del hombre, promoviendo con caridad su desarrollo integral, que no se agota sólo en la asistencia social. Debemos educarlo y capacitarlo para que pueda tener como principal herramienta la libertad que le da la formación y el conocimiento, permitiéndole construir su propio futuro para así poder ser libre.
La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber. No podemos seguir pensando como hombres y mujeres con responsabilidades que no le debemos nada a nadie, que sólo somos titulares de derechos. Debemos madurar en nuestra responsabilidad con respecto al desarrollo integral propio y ajeno. No sólo de pan vive el hombre; la peor pobreza es carecer de amor; el que no ama ni recibe amor se aísla, y es en esta soledad que el hombre se aleja de la realidad. No nacimos para estar solos, porque en realidad somos producto de una unión: el amor.
Mostrémonos como verdaderos representantes de este pueblo unidos por el bien común, no como un hecho casual: que sea un encuentro a través del amor a nuestra Madre María. No hay sociedad ni familia ni hogar sin amor. (Aplausos.)
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Alessi.
Sr. ALESSI.- Señor presidente del Honorable Concejo Deliberante, señor obispo, señor intendente municipal, señores concejales, invitados especiales y vecinos en general: como cada 15 de agosto nos reunimos para conmemorar la advocación de nuestra Señora de la Asunción, patrona de nuestra querida ciudad.
Hoy en este nuevo aniversario reiteramos nuestra fe cristiana y como todos los años pedimos que su infinita luz ilumine a todos aquellos que tienen la responsabilidad de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos para que tomen las decisiones correctas para lograr el bienestar de la comunidad. Le pedimos también su ayuda para que la salud y la seguridad sean una realidad, que su gracia infinita haga que prevalezca la ética pública y el respeto mutuo.
Rogamos a la Virgen que con su inmenso amor nos haga reflexionar tanto en ámbitos públicos como privados para que en este día glorioso tomemos conciencia de las desigualdades aún persistentes en nuestra comunidad y prevalezca y triunfe la solidaridad por sobre las mezquindades, la lealtad por sobre la traición, los objetivos comunes por sobre las ambiciones personales.
Por todo esto somos conscientes de que no alcanza con rasgarnos las vestiduras en fechas como la de hoy haciéndonos ver como verdaderos cristianos si eso no se ve reflejado en el trajinar diario por la vida.
Como presidente del bloque Unidos por Avellaneda, en nombre de mis compañeros y en el mío propio aprovecho la oportunidad de expresar nuestro más íntimo deseo, que es seguramente ni más ni menos que el anhelo de todos los aquí presentes: que Nuestra Señora de la Asunción, patrona de Avellaneda, hoy más que nunca nos dé su bendición y nos guíe por el rumbo correcto para beneficio de todos sin excepción. (Aplausos.)
MENSAJE DEL OBISPO DE LA DIÓCESIS DE AVELLANEDA-LANÚS
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Invito a nuestro obispo, monseñor Frassia, a pronunciar su mensaje.
Sr. OBISPO DE LA DIÓCESIS DE AVELLANEDA-LANÚS.- Queridos hermanos, aquí, en el Honorable Concejo Deliberante, en esta festividad de la fiesta de la Asunción de la Virgen.
Sinceramente quiero agradecer en primer lugar a este Honorable Concejo Deliberante, a su señor presidente, don Armando Bertolotto, y a todos sus integrantes, que representan a la comunidad de Avellaneda, la cordial recepción que me brindan como obispo diocesano para esta sesión que cada año nos reúne para ofrecer nuestro homenaje a María de la Asunción, patrona de nuestra ciudad y de nuestra diócesis.
Saludo en particular y agradezco la presencia del señor intendente municipal, ingeniero Jorge Ferraresi, y a todo su equipo de conducción.
La fiesta de la Asunción a la gloria del Cielo de María en alma y cuerpo, es decir, en todo su ser humano, en la integridad de su persona, nos concede la gracia de renovar nuestro amor a la Virgen, de admirarla y alabarla por las maravillas que el Todopoderoso hizo por ella y obró en ella.
Al contemplar a la Virgen María se nos da otra gracia: la de poder ver en profundidad también nuestra propia vida. Sí, porque también nuestra existencia diaria, con sus problemas y sus esperanzas, recibe luz de la Madre de Dios, de su itinerario espiritual, de su destino de gloria, un camino y una meta que pueden y deben llegar a ser, de alguna manera, nuestro mismo camino y nuestra misma meta. Allí donde está la Madre, también estaremos nosotros, sus hijos.
María nos anima a vivir en la esperanza. Los cristianos tenemos un futuro: aunque no conozcamos los pormenores de lo que nos espera, sabemos que la vida en conjunto no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva se hace llevadero también el presente. Por lo tanto, el mensaje cristiano no es sólo informativo sino performativo. Esto significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden decir o saber sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. “Quien tiene esperanza vive de otra manera, se le ha dado una vida nueva”, nos dice el Papa, Benedicto XVI en la encíclica sobre la esperanza.
Estas fiestas patronales se celebran en el marco de un acontecimiento eclesial universal, el 50º aniversario del inicio del Concilio Vaticano II. Este fue convocado e iniciado por el Beato Juan XXIII el 11 de octubre de 1962 y tuvo como cierre el 8 de diciembre de 1965 bajo el pontificado del querido Papa Pablo VI.
El Concilio nos decía en una Constitución sobre gozos y esperanzas: “El Concilio, testigo y expositor de la fe de todo el Pueblo de Dios, congregado por Cristo, no puede dar prueba mayor de solidaridad, respeto y amor a toda la familia humana que la de dialogar con ella acerca de todos estos problemas, aclarárselos a la luz del Evangelio y poner a disposición del género humano el poder salvador que la Iglesia, conducida por el Espíritu Santo, ha recibido de su Fundador. Es la persona humana que hay que salvar. Es la sociedad humana la que hay que renovar. Es por consiguiente, el hombre, pero el hombre entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad, quien centrará las explicaciones que van a seguir”.
El Concilio quiere proclamar la altísima vocación del hombre y la presencia en él de un germen divino y ofrecer a la humanidad una cooperación sincera que instaure la fraternidad universal que responda a esa vocación. No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar bajo el Espíritu Santo, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no juzgar, para servir y no para ser servido.
María sube en cuerpo y alma, la mujer entera, esto es lo que celebramos. El Concilio también nos decía que hay que trabajar por el hombre entero, cuerpo y alma. Tenemos que pensar nuestra realidad en el horizonte de lo trascendente. Al comenzar la edad moderna dijo alguien que deberíamos vivir como si Dios no existiera. Esto ha ocurrido, y a la vista tenemos las consecuencias. Nuestra regla debe ser exactamente la contraria: vivir en todo instante dando como supuesto que Él existe, y conforme a lo que Él es, porque por fuerza es lo que es. Este vivir significa dar oído a su palabra y a su voluntad, sintiéndonos mirados por sus ojos. De este modo sentiremos que pesa más nuestra responsabilidad; pero en compensación se hará más fácil y más humana nuestra vida. Más fácil, porque nuestros errores, fracasos, privaciones y pérdidas jamás nos parecerán definitivos y fatales, sabiendo como sabemos que detrás de todo ello existe siempre un sentido, y que nada está perdido para siempre.
Desde esta perspectiva, nos aparece en primer plano el lado bueno de las cosas. Ciertamente, con mirar hacia el Cielo no impedimos que lo ingrato siga siéndolo; pero su peso habrá menguado, porque todo será para nosotros penúltimo. No nos rebelaremos cuando las cosas no resulten como quisiéramos o se frustren nuestros propósitos, porque sabemos que en el fondo hay algo bueno en ello, toda vez que Dios es bueno, nos decía el cardenal Ratzinger.
Es en este espíritu que intento esbozar y sugerir algunas cuestiones que considero de vital importancia.
Hoy se constata que en este cambio de época, con la influencia que tiene la globalización y una cultura relativista y consumista, exaltando el individualismo, se ha ido debilitando el valor de la verdad y de la objetividad. Se podrían dar muchos ejemplos que avalan esta afirmación. Todo es subjetivo: “solo por hoy” y el famoso “sálvese quien pueda” está llevándonos a un individualismo peligroso y nocivo, horadando las virtudes sociales que deberían ser las convicciones más profundas para nuestra querida Nación.
Nos decía el beato Juan Pablo II, en su Encíclica sobre fe y razón: “La alta responsabilidad de mantener despierta la sensibilidad ante la verdad y el bien recae sobre cualquiera que desempeñe el papel de guía en el campo religioso, político o cultural, cada uno según su modo propio. Juntos debemos comprometernos en la lucha de la libertad y en la búsqueda de la verdad: ambas van juntas, mano a mano, o juntas perecen miserablemente”.
La verdad y la objetividad son valores que no dependen de la interpretación subjetiva. Son verdades universales y que nunca deberían ser eclipsadas por intereses particulares, por muy importantes que sean, porque ello conduciría únicamente a nuevos casos de fragmentación social o discriminación, que precisamente esos grupos de interés o de presión declaran que quieren superar. Nos dice Benedicto XVI: “Los individuos, las comunidades y los Estados sin la guía de verdades morales objetivas serían egoístas y sin escrúpulos, y el mundo sería un lugar peligroso para vivir”.
Mi pensamiento va hoy hacia los jóvenes y los niños: cómo los preparamos, qué les dejamos, cómo los acompañamos, cómo ellos con nosotros y nosotros con ellos construimos una nueva civilización. Debemos salir de la trampa de lo mediático. No le tengo miedo al juicio de hoy, sino a la verdad que me juzgará mañana. Por la misma fuerza de la verdad, se verá en todos los órdenes, personales, familiares, sociales y políticos si hemos caminado en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor, procurando así sostener y construir el hermoso puente de la paz.
Es necesario detenerse y levantar la mirada hacia el futuro concretándolo en este presente. El futuro cierto se amasa en el concreto presente del hoy. Debemos tomar decisiones con coraje y con clarividencia a favor de la verdad y de la paz. Este camino es también de los jóvenes.
La educación es fundamental, tema crucial para todas las generaciones, puesto que de la educación depende el sano desarrollo de cada persona para el futuro de toda la sociedad.
Hay que pensar en la familia: ella es anterior al Estado y éste debe cuidarla y protegerla. Debemos reconocer que todo es docencia, hasta cuando comemos, hablamos y dialogamos, hasta cuando vemos un partido de fútbol. Nada es indiferente y nada es insignificante. Estamos en tiempos de cambios, pero estos deben ser tomados y vividos en el reconocimiento de la dignidad inalienable de toda persona humana y de sus derechos fundamentales. El respeto de la persona debe ser el centro de las instituciones y de las leyes. La familia debe ser valorizada y no combatida. Son necesarias políticas que valoricen y que ayuden a la cohesión social y al diálogo respetuoso entre todos.
Le pedimos hoy al Señor que nos ayude a vivir dando razones de nuestra esperanza, ya que la vida no termina en el vacío, que su destino definitivo no es la corrupción sino la inmortalidad. Porque está claro el fin, debemos implementar muy bien y de forma concreta los medios. Como nos dice el Señor, “he venido para que tengan vida y vida en abundancia”.
La Virgen María, asunta al cielo, en estas celebraciones cívicas y patronales, nos fortalezca, nos ilumine y nos entusiasme a seguir trabajando y buscando infatigablemente el bien común. Que bendiga nuestras familias, nuestra ciudad de Avellaneda, este Honorable Concejo y a cada uno de los presentes.
Dios los bendiga y la Virgen los proteja. (Aplausos.)
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Habiéndose cumplido con el objeto de la convocatoria, queda levantada la sesión.
- Es la hora 12 y 47.