- En la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, al primer día del mes de abril de 2009, a la hora 13 y 30:
CONVOCATORIA
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Con la presencia de los concejales que integran los distintos bloques que componen este Concejo Deliberante damos comienzo a la sesión especial convocada para rendir homenaje al ex presidente de la Nación doctor Raúl Ricardo Alfonsín.
Por Secretaría se dará lectura del decreto de convocatoria.
Sra. SECRETARIA (Luna).- Dice así:
- Se lee.
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Por Secretaría se dará lectura del decreto dictado en el día de la fecha por el señor intendente municipal de adhesión al duelo nacional decretado por el gobierno nacional.
Sra. SECRETARIA (Luna).- Dice así:
- Se lee.
HOMENAJE
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Degli Innocenti.
Sr. DEGLI INNOCENTI.- Señor presidente: difícil es tener que hacer uso de la palabra por el motivo que nos convoca justamente en el día en que se inauguran las sesiones ordinarias de los Concejos Deliberantes, la mínima expresión legislativa y democrática que tiene el pueblo, que elige a sus representantes a través del voto para tratar de llevar adelante las distintas inquietudes, problemáticas y circunstancias que tiene una comunidad, en nuestro caso, la ciudad de Avellaneda. Y es difícil porque justamente luego de estos veinticinco, casi veintiséis años, que se cumplen próximamente de cuando fuera electo el ex presidente Raúl Alfonsín, nos toca la responsabilidad a nosotros hacerlo desde la oposición formal que fuera el Partido Justicialista al gobierno de la Unión Cívica Radical, en ese momento encarnada por Raúl Alfonsín, que había sabido transmitir y hacerle llegar el mensaje que hoy seguramente y a partir de este fallecimiento muchos le van a reconocer. Vemos que en todos lados se está hablando del gran estadista, del gran político, que ha sufrido también producto de su coherencia ética de hechos y fundamentalmente de su pertenencia, que nunca renegó a un partido político, a una idea política ni a una forma de construcción.
No era un personaje fácil. No era una persona que se basaba en encuestas para tomar decisiones. Por eso era un dirigente y supo llevar adelante propuestas que lo catapultaron a la presidencia de la República.
Quizás hoy podemos entender, a la distancia, después de veinticinco años, que posiblemente el mejor resultado que pudo lograr la democracia para esos momentos fue que el doctor Raúl Alfonsín fuera presidente de la República. Sé que seguramente algunos compañeros no lo compartirán, pero es algo que siento en forma particular y claramente, y no hay otra forma de comprobarlo más que la realidad. La realidad nos demuestra que este hombre, con errores, aciertos y desaciertos, inició determinados caminos que después fueron continuados.
Fuimos oposición a un gobierno de una manera que nosotros creíamos muy ideal y muy consecuente. Hoy lo comentábamos como anécdota: las únicas oportunidades en que uno pudo ver de saco y corbata a la persona que encabezó los doce paros de los trabajadores organizados en el país fue cuando concurría a visitar a Raúl Alfonsín, y para un trabajador el hecho de usar campera o camisa o de ser un descamisado tenía todo un símbolo, de manera que esto marcaba el respeto que se tenía al adversario.
Aquéllos no fueron paros salvajes: tenían consecuencias quizás más difíciles de entender para un país y en circunstancias económicas donde los trabajadores podían tener sus razones para tomar esas decisiones, y el Partido Justicialista los acompañó, pero también tenemos que ser claros y reconocer que en los momentos más difíciles del gobierno de Alfonsín el Partido Justicialista entero estuvo con él acompañándolo en el balcón de la casa de gobierno y en la Plaza de Mayo con sus banderas cuando se intentó dar un golpe institucional y derrocar al gobierno democrático. Allí no pusimos palos en la rueda de ninguna manera.
Creo que esto amerita reconocer su notable decisión de iniciar todos los procesos judiciales y elegir la vía judicial para empezar a juzgar en principio a las cabezas de lo que fuera la noche gris, la noche oscura, la noche trágica que se iniciara el 24 de marzo de 1976, poniéndolas en manos de la Justicia como única forma de encontrar verdad y justicia. Este proceso tuvo avances y retrocesos durante estos veinticinco años de democracia pero fue definitivamente consolidado por todo el pueblo argentino, no encontrándose otra forma de lograr la verdad y la justicia que no fuera a través de la propia justicia que lenta pero inexorable juzgó uno a uno a todos los responsables de este genocidio que se cometió en la República Argentina. Esta acción fue iniciada por este político de la manera más clara que puede haber, que es a través de la Justicia, sin otro condimento ni circunstancia que ésta. Quizás éste sea el hecho distintivo.
Fue criticado a veces hasta por sus propios correligionarios por circunstancias que muchos entendieron mucho después. Notable fue el aporte que le hizo a la democracia y a su propio partido centenario. Es de recordar que fue cuestionado por el aporte que hizo en su momento a lo que llamaron el Pacto de Olivos, que permitió pasado el tiempo que la Unión Cívica Radical lograra ante un gesto de unidad y de consolidar a un sector y después de ser una fuerza casi en extinción que volviera a haber un presidente de la República radical.
Más allá de que en algunas ocasiones los hombres y las mujeres no estamos a la altura de las circunstancias, Raúl Alfonsín siempre apostó a la tarea más difícil de constituirse y consolidar su posición en hechos y en demostrar que tales hechos tenían consecuencia con su pensamiento y su obra.
Siempre fue un hombre que practicó el diálogo con todas las fuerzas políticas, todos los sectores de la comunidad y todos aquellos que contribuían, aun a costa de sus propios intereses personales, particulares y partidarios. Esto hay que destacarlo, esta es la grandeza.
Así podríamos citar varios ejemplos más. En el momento más álgido de una confrontación que tuvimos el año pasado y en el marco de un homenaje que le brindaba el gobierno nacional prefirió la foto con la presidenta de la República a mostrarse en otros lugares por conveniencia política, como lo haría cualquier otro dirigente político de diferentes características.
No hizo ni de la diatriba ni la denuncia un eje para establecer las pautas de cómo debía ser una conducta democrática. Su ejemplo y su conducta hacen que, parafraseando a otro gran dirigente radical cuando le tocó despedir al otro gran político del siglo pasado, desde esta bancada del Partido Justicialista y del Frente para la Victoria digamos que estos viejos adversarios despiden a un amigo. (Aplausos.)
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra la señora concejala Rodríguez.
Sra. RODRÍGUEZ.- Señor presidente: seré breve pues de inmediato se explayará nuestro compañero Damián Paz, pero en este momento ninguno de los que defendemos la institucionalidad en nuestro país, que seguramente somos todos los que estamos aquí y los que están afuera, podemos dejar de decir algunas palabras.
Anoche me puse a pensar cuando veía cómo la gente voluntariamente se reunía alrededor de la última morada del ex presidente Alfonsín llevando una vela. Porque les preguntaban qué sentían por él, qué pensaban, y se pronunciaron muchas frases, pero algunas se reiteraron casi toda la noche. Hablaban del padre de la democracia, de un demócrata, de un político honesto, que realmente vivió como decía y actuaba como pensaba.
En lo personal para mí su figura representa la primera vez que pude emitir un voto, ingresar al juego democrático, creer en alguien que junto con otros quería sacar al país de esa época oscura que vivimos. Y la verdad que lo único que uno veía era esa paz, esa decisión, que él trasuntaba. Realmente era un hombre que expresaba tranquilidad, como por ejemplo en aquellos episodios de Semana Santa, cuando todo estaba tan convulsionado, y toda la población voluntariamente fue a defender la democracia y veía cómo él con su resolución y su discurso trajo un poco de tranquilidad a la difícil situación. Porque debemos tener en cuenta que las fuerzas armadas estaban muy vivas en ese momento, y no sabíamos cuánto íbamos a poder soportar un tránsito democrático.
Como decía el concejal Degli Innocenti, siempre sus palabras fueron de diálogo y de consenso. Tanto fue así que algunos de sus correligionarios comentaban anoche que dos o tres días atrás, cuando ya respiraba muy mal y quizás oxigenaba mal todo su cuerpo, pronunció unas breves frases instando al diálogo y al consenso. Fue alguien que entregó su vida a la vida pública, a la vida del país, a fortalecer las instituciones, a llevar un gobierno adelante después de esos años tan negros que vivimos, y siguió pensando en el país. Creo que todos –la oposición y el oficialismo- deberíamos pensar en lo que dijo Alfonsín en casi una de las últimas apariciones: los argentinos tenemos que querernos más, la oposición tiene que dialogar, pero lo que importa es el país. Y la verdad es que la frase que lo destacó, que creo es una utopía que no se cumplió y no deberíamos llamar utopía, es esa expresión tan suya de que en democracia se come, se cura y se educa. En realidad creo que todos tendríamos que apoyarnos en eso, y quizás éste es el momento. Si la presidenta pudo hablar con Cobos por este tema, creo que también en su último momento hizo algo por el país.
Estas son nada más que unas expresiones sobre alguien que realmente ejerció la primera magistratura con honor, con honestidad y con patriotismo. (Aplausos.)
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Paz.
Sr. PAZ.- Señor presidente, señoras y señores: sepan disculpar que he escrito este mensaje, pero tenía miedo de que la emoción me traicionara y no pudiera terminar mi discurso en el presente homenaje al prohombre de la democracia que fue el ex presidente Raúl Alfonsín. Este es un más que merecido homenaje que estamos rindiendo aquí, en el Concejo Deliberante de nuestra ciudad que alguna vez lo recibió , en este espacio de la política. Según palabras de Alfonsín, el Concejo Deliberante es la base de la democracia. En el Concejo Deliberante decía se encuentra el nivel más inmediato de la representación. Sostenía con razón que no sólo es una escuela de parlamentarismo, porque los Concejos Deliberantes son para cada uno de sus miembros escuelas de democracia, convivencia y tolerancia, y que además no hay otro nivel de representación donde se dé un intercambio tan rico e intenso entre representante y representado. En función de esta convicción trataba de visitar los Concejos Deliberantes y hablar con los concejales, y siempre contaba alguna anécdota cuando llegaba a una ciudad.
Me toca ser el último concejal que ingresó a este cuerpo deliberativo por el partido de la Unión Cívica Radical y más allá del lugar en donde uno se enrole partidariamente por las diferentes circunstancias políticas, me siento radical desde la cuna hasta la tumba. Como solía decir ese otro gran demócrata que fuera Ricardo Balbín, no importa quién lleve el palo: lo que importa es la bandera.
Pertenezco a esa generación que abrazó esa bandera de la mano de Raúl Alfonsín cuando en cada discurso se ponía en acción no sólo la cabeza para racionalizarlo sino el corazón para sentirlo. Yo creo, sin temor a equivocarme, que fue el último de los políticos que logró esa combinación de discurso y emoción en la política argentina.
Alfonsín fue para los que militamos en política básicamente un militante. Militó toda la vida después de ser presidente. Cuando tuvo aquel accidente iba a una reunión en un pueblito del sur de nuestro país para hablar con treinta personas, después de haber sido presidente. Era la función que entendía que debía tener el militante político más allá de los cargos que hubiera ocupado en su historia.
Le tocó gobernar una época difícil. El país salía de la peor dictadura de la historia, signada por el desencuentro de los argentinos y el poco valor que se asignaba a la democracia como forma de gobierno, pero sobre todo como forma de vida.
Con Alfonsín la democracia se revalorizó. Su gestión y su pregón produjeron una nueva dimensión de lo que significaba vivir en libertad y esta revolución cultural se hizo carne en nuestro pueblo, descartando para siempre la posibilidad de que un grupo de mesiánicos esclarecidos pudiera regir los destinos de la patria por sobre la voluntad popular. Este solo hecho hace que para muchos sea el padre de la democracia argentina.
Fue un hombre de convicciones fuertes y firmes, tanto que en más que una ocasión durante su gobierno primó la ética de la convicción sobre la ética de la responsabilidad. Este fue un conflicto que se desarrolló durante todo su gobierno y supongo que le debe pasar a todos los gobernantes. Se hizo patente cuando a poco de asumir se produjo la votación en el Senado de la “ley Mucci”, que sólo necesitaba el voto del senador del Movimiento Popular Neuquino para que se convirtiera en ley, una ley que consideraba fundamental para su gobierno. Lo que pedía el senador a cambio era, si mal no recuerdo, la instalación o las regalías de una determinada empresa para la provincia de Neuquén. El presidente no cedió y la ley cayó. Ahí claramente primó aquello de que en la política, como en la vida, muchas veces se hace lo que se puede, y cuando lo que se puede está mal, entonces no se hace nada.
Desde la política hizo docencia permanentemente, porque de esto se trataba la política desde su parecer y sentir. Alguna vez, cuando alguien desde un escritorio criticaba la democracia argentina por ser una democracia formal, sostuvo: “Quienes en el Cono Sur no conocen la diferencia entre una democracia formal y una dictadura no conocen la diferencia entre la vida y la muerte.”
Su lucha por los derechos humanos y el juzgamiento de las juntas militares lo instalaron definitivamente no sólo en la historia argentina sino en la historia política universal.
Ayer escuchábamos que en los programas de televisión se comparaba ese juicio con Nürenberg y los juicios en Grecia, pero la realidad es que no son comparables. Fue la única vez que un gobierno civil juzgó a una junta militar.
Me tocó estar en un acto que se realizó por un aniversario en el Luna Park, donde uno de los entrevistados era el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, quien comentó la influencia que había tenido Alfonsín en la recuperación democrática de todo el cono sur. Recordó que cuando él estaba preso en Chile lo despertó su compañero de celda para decirle: “Ricardo: levantate y escuchá al presidente de la Argentina que está pidiendo por tu libertad.” Eso marcó el respeto de todos los dirigentes políticos del cono sur para el ex presidente Alfonsín.
“No sigan hombres, sigan ideas”; es en función de esto que quiero terminar con aquello que constituyó su cierre en cada uno de los discursos de la campaña de 1983. A partir de entonces se popularizó y se nos metió en el alma lo que durante más de cien años había sido sólo letra en un papel: “Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino...”. Simplemente gracias, presidente Alfonsín, y hasta siempre. (Aplausos.)
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Leiva.
Sr. LEIVA.- Señor presidente: quisiéramos compartir con ustedes algunas líneas que escribimos para este hombre que de alguna manera está reconocido en todo el país. Para aquellos que formamos parte de una nueva dirigencia política es importante.
Cuando en diciembre de 1983 mirábamos esos rombos que enmarcaban las iniciales RA, que todavía éramos nóveles que no tomábamos dimensión de lo que se venía, como confrontación de nuestras ideas y propuestas. El hombre que llevó a esa muchedumbre en los últimos días de campaña a la convicción de llegar al triunfo ante el peronismo aun sacudido con poca reflexión tuvo un plus de calidad. Luego su Presidencia, luego el mundo con sus reglas implacables, luego el juego de los intereses sectoriales enturbiaron algunas de las buenas señales de ese presidente entusiasmado por dar otro rumbo a la patria.
Como radical de cuna tuvo siempre presentes tres virtudes: la palabra dada, el ideal como guía y la humildad que está y no se exhibe. Eso fue Raúl Alfonsín, sobre todo un hombre decente. (Aplausos.)
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Muzón.
Sr. MUZÓN.- Señor presidente: adhiero a las palabras vertidas por los concejales preopinantes, pero además quisiera recordar que nuestra generación fue atravesada por dos personajes que han constituido la matriz de nuestra actividad política: el general Perón y el doctor Alfonsín. Seguramente muchos recordarán las palabras expresadas por Balbín cuando murió el general Perón, y yo quisiera recordar también el mensaje de aquel momento de Perón, que era el de la unidad y la concordia.
Hoy podemos recordar al doctor Alfonsín con el mismo mensaje. Yo quisiera que nuestra generación tomara la bandera de estos dos prohombres de la democracia argentina, que consiguiéramos encontrar nuevos líderes que nos lleven por ese camino y que no esperemos que llegue el final de sus días para poder tomar entre todos el camino de la concordancia. (Aplausos.)
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Tiene la palabra el señor concejal Degli Innocenti.
Sr. DEGLI INNOCENTI.- Señor presidente: dado que no hay más oradores simplemente quiero hacer una propuesta en función de algo que habíamos acordado en charlas mantenidas antes de la sesión. Propongo la conformación de una comisión que represente a la Municipalidad de Avellaneda y que esté integrada por las distintas fuerzas políticas del distrito para que concurra al lugar del velatorio y haga saber a los familiares y a los correligionarios de la Unión Cívica Radical del pesar de todo el pueblo de Avellaneda en esta dolorosa jornada.
En tal sentido hago moción de que el señor presidente del Concejo Deliberante y el señor intendente municipal designen una comisión municipal a los efectos indicados.
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Se va a votar la moción formulada por el señor concejal Degli Innocenti.
- Resulta afirmativa.
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Yo propondría para cumplir con esta sesión especial, si les parece correcto, que hagamos un minuto de aplausos puestos de pie en homenaje al ex presidente de la Nación doctor Raúl Ricardo Alfonsín.
- Puestos de pie los señores concejales, invitados especiales y público asistente a las galerías, realizan un minuto de aplausos.
Sr. PRESIDENTE (Bertolotto).- Habiéndose cumplido el objeto de la convocatoria, queda levantada la sesión.
- Es la hora 13 y 56.